El sueño de Jacob

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Hay música en el movimiento de las esferas…

Hay geometría en el zumbido de las cuerdas.

Pitágoras

Mutus Liber (El libro mudo): Dos ángeles con trompetas llaman al Jacob durmiente para que vea la escalera que se extiende desde la Tierra hasta el cielo. La imagen sugiere también las trompetas del Apocalipsis y el viaje espiritual del alquimista (Joscelyn Godwin, Armonía de las esferas, Atalanta 2009

Portada del Mutus Liber (El libro mudo, 1677): Dos ángeles con trompetas llaman a Jacob durmiente para que vea la escalera que se extiende desde la Tierra hasta el cielo. La imagen sugiere también las trompetas del Apocalipsis y el viaje espiritual del alquimista (Joscelyn Godwin, Armonía de las esferas, Atalanta 2009).

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El brillante clamor de las trompetas angelicales alerta a Jacob en su sueño acerca de la maravillosa epifanía que se despliega a su alrededor. Solo así es capaz de apreciar y de entender el significado de esa escalera maravillosa, que se le ofrece como puerta de los cielos, como acceso a la casa de Dios. Jacob ya no volverá a ser el mismo luego de haber experimentado este vislumbre de realidad.

Lo que las trompetas angelicales en el caso de Jacob, puede hacerlo por nosotros la música. Experimentándola en profundidad, somos de pronto capaces de despertar a toda la Armonía y contemplar con ojos despiertos las mil armonías del universo, repartidas por doquier. Las que antes pasábamos por alto, expresión de la única Armonía. Después de haberla vislumbrado una vez, ya nunca más volveremos a ser los mismos.

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Todas las cosas están llenas de signos: un hombre sabio puede saber una cosa a partir de otra.

Plotino

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© 2014
Lino Althaner

Música de las esferas

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Los filósofos de la Antigüedad consideraban que el mundo
estaba constituido por una armonía perfecta, es decir, que
desde la tierra a los cielos había una escala perfecta.
Athanasius Kircher 


Nueve órbitas rodean a la tierra en la concepción geocéntrica tradicional: la luna, Mercurio, Venus, el sol, Marte, Júpiter y Saturno. Luego se ubica la órbita de las estrellas fijas. Y sobre ella el ‘primum mobile’, que ordena a todas las restantes esferas, esto es, la mano del mismo Dios. La tierra, ubicada bajo la esfera lunar, está inmóvil, siempre suspendida en un mismo lugar, ocupando el centro del universo.

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Es una antiquísima tradición la que afirma que el formidable movimiento de los cuerpos celestes no se hace en silencio sino que suscita una música muy potente y dulcísima, hecha de bellas armonías que alternan los sonidos altos de las esferas superiores con los más bajos de las intermedias y los bajísimos del mundo lunar y sublunar. En el famoso ‘sueño de Escipión’ sostiene Cicerón que el sonido de las ocho esferas ubicadas por encima de la tierra produce siete tonos con intervalos diferentes (De republica, s. I a.C.). Se trata de un pensamiento cuyo origen se suele radicar en Pitágoras, el filósofo presocrático, pero que sin duda viene de antes.

“La música de la naturaleza comprende la naturaleza de todas las cosas… Está, pues, la gran música del mundo, la maravillosa correspondencia de los cielos; de los elementos y de todas las criaturas; y está en especial la música humana, que consiste en la armonía del cuerpo humano o de sus sentidos internos y externos”  (Atanasius Kircher, Mysurgia universales, 1662). Así como la música instrumental es una aproximación, más o menos lejana, de la música de las esferas, esta imita la música del reino de Dios.

“El brillo de los astros hace la melodía, la naturaleza sublunar danza al son de las leyes de dicha melodía”. (Johannes Kepler, Harmonices Mundi, 1619).

Athanasius Kircher - Mysurgia universalis, Roma, 1650

Athanasius Kircher – Musurgia universalis, Roma, 1650


En su libro “Musurgia universalis”, una especie de enciclopedia barroca de la teoría musical, el famoso jesuita Athanasius Kircher se figura a Dios como un eximio organista cuyo arte es capaz de separar a los elementos del caos primigenio, haciéndolos concordar entre sí.  La música, pues, es un arte sagrado en el que los siete puntos o progresiones de la octava engloban el mundo y en que el número siete reúne a la Santísima Trinidad y a los cuatro elementos.

Athanasius Kircher - Musurgia Universalis

Athanasius Kircher – Musurgia Universalis

Y dice a propósito Georges Gurdjieff (1866-1949), el pensador esotérico caucasiano: “Este principio del número siete lo encontramos por doquier -en la química, en la física, etc.: en todo rige el mismo principio. El mejor ejemplo es la composición de la escala. Tomemos una octava para demostrarlo”.

Bello símil, el que compara a Dios con un organista y, por lo tanto, a la Creación con una composición musical, la más sublime, la más grande, la obra magistral del Maestro supremo.


El hombre de genio imita humildemente a su Creador. Está lejos, él lo sabe, de su modelo. Pero suele dar en la tonalidad de lo sublimemente bello. Para comprobarlo, el organista Hans-Andre Stamm interpreta la Passacaglia y Fuga en Do menor, BWV 582, una cumbre de la obra de Juan Sebastián Bach. Música como esta es solamente para intérpretes excepcionales.

 
© 2014
Lino Althaner

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