Como freir un pescadito (Tao Te King 5) es gobernar un país

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En los ochenta y un breves capítulos que lo conforman, las sentencias del Tao Te King van surgiendo en el libro espontáneamente en una red de relaciones mutuas que hace que unas a otras se completen y se comenten hasta integrar la maravillosa unidad de esta obra excepcional, escrita hace alrededor de dos mil quinientos años, aunque hoy día nos parece como nunca de actual.

Es verdad que el Libro del Camino y de la Virtud está dirigido a todos los hombres, cualquiera que sea su oficio, profesión, su cultura o situación. No obstante, hay en sus sentencias una preocupación especial por llegar a quienes tienen por misión ordenar las relaciones sociales hacia la justicia y el bien común, esto es, al rey o a su equivalente actual, los políticos, los gobernantes. Entiende Lao-Tze, el casi mítico autor de la obra, que si el bien de toda acción supone la observancia de los principios de orden y sabiduría natural inherentes al Tao –el camino- y el Te –la virtud del camino-, especialmente significativo ha de ser que los cumplan aquellos de cuyas orientaciones depende en gran medida el bien del cuerpo social en su conjunto. El bien de la misma política depende de ello: el bien de los políticos.
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Qi-Baishi - Los pollitos (1949) - wikipaintings.org

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La primera condición de toda acción política es, por supuesto, la armonía con el Tao, a que en el libro se alude como ‘conformidad con el cielo’ o ‘la gran avenencia’. No son conformes con esa armonía quienes intervienen de manera excesiva en los asuntos de sus súbditos, imponiéndoles cargas irracionales -por ejemplo, en el ámbito de sus labores y profesiones, en materia tributaria, en lo relacionado con el reclutamiento para la guerra- e interfiriendo con las siempre actuantes potencias autorreguladoras del medio natural. Ni menos quienes hacen de los asuntos políticos un medio para satisfacer sus ambiciones personales a través del acceso al poder y a la dominación.

El gobernante debe pasar, en lo posible, desapercibido. Y dice a propósito el capítulo XVII:

‘Del rey más eminente, los súbditos sólo conocen la existencia.
Inferior es el amado y alabado.
Inferior aún, el temido.
Inferior aún, el despreciado.’

Pero una interpretación alternativa del texto conduce a la afirmación de que del gobernante más eminente los súbditos ni siquieran saben que existe, a quien seguiría en bondad aquel del cual sólo se conoce la existencia. El que ordena las cosas a su alcance tal como el Tao ordena el mundo, esto es, espontáneamente, casi sin acción o actuando mínimamente, se posiciona en este nivel. Sus súbditos ni siquiera se aperciben de que existe. O, siendo conscientes de que existe, ‘no sienten su eficacia sutil y omnipresente, se creen autores de sus logros y de la prosperidad del mundo’. No se siente el gobierno ni el peso de la norma, que es como la ley de la naturaleza.

El ‘amado y elevado’ es ya de una categoría inferior, pues deja sentir su acción, provocando alabanza o buscando él mismo la alabanza a través de sus medidas populistas, lo que puede, sabemos, ser fatal para el buen gobierno: consentir con su acción a la mayoría para obtener su alabanza. El gobernante ‘temido’ entra claramente, según Lao-Tze, en la categoría de los malos gobernantes. Aunque peor aún es el que más que temido es ‘despreciado’.

El gobernante que, sin interferir, permite que actúen espontáneamente las virtudes ordenadoras del Tao, permanentemente dispuestas en todas las cosas del cielo y de la tierra, se identifica con él. Es soberanamente comprensivo. Todo lo abarca. Es imparcial. Pues como se dice en el capítulo XVI del Tao Te King:

‘No  conocer lo permanente es nefasta insensatez.
Quien conoce lo permanente es comprensivo;
comprensivo, luego imparcial;
imparcial, luego rey;
rey, luego cielo;
cielo, luego camino (Tao);
curso, luego perpetuo;
y hasta el final de su vida permanece libre de peligro.’
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Qi-Baishi - Carpa (1884) - wikipaintings.org

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‘Gobernar un gran señorío es como freir un pececillo’, se dice en el capítulo LX del Tao Te King.

No se trata de una acción tan difícil, si se lleva a cabo adecuadamente. Así, pues, debe ser realizada con extremo cuidado, sin hacer más que lo estrictamente necesario. Una intervención inapropiada puede romper la piel del pescado o afectar la consistencia de su delicada carne. Un país es tan delicado como el pescadito y no admite intervenciones apasionadas o ligeras. La tierra es sagrada como el cielo y es habitada por seres humanos: no admite, por lo tanto, que la traten como un conejillo de Indias, cuyo destino es servir de campo de experimentación para teorías inhumanas o artificiosas. No es admisible usar al país como medio para el beneficio personal ni manipular a las personas con tal objeto.

Afirma una sentencia, en el capítulo XXIX:

De quien desea obtener cuanto hay bajo el cielo y manipularlo,
yo veo su fracaso.

Pues, agrega el capítulo LXIV:

Quien manipula arruina,
quien retiene pierde.
Por eso el sabio
no manipula, y así no arruina;
no retiene, y así no pierde.

Recuerdo que las traducciones se basan en lo esencial en Anne-Hélène Suárez Girard ed., Tao Te King (Libro del curso y de la virtud), Siruela, Madrid 2009, cuyos comentarios me han sido también de gran provecho.

 © 2012 Lino Althaner

Anterior al nacimiento del cielo y de la tierra (Tao Te King 2)

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Hay algo confuso y perfecto,

anterior al nacimiento del cielo y de la tierra.
Silencioso y solitario,
absoluto e inmutable,
por doquier evoluciona sin desfallecer.
Podemos tenerlo por madre de cuanto hay bajo el cielo.
No conociendo su nombre
le daré el sobrenombre de ‘camino’ (Tao).
Forzado a nombrarlo más, diría ‘grandeza’.
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Qi-Baishi - Brezo (1951) - wikipaintings.org

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Tao era el término que se utilizaba en China desde la más remota antigüedad para referirse al orden natural y su correspondencia en el mundo. Pero Lao-Tze enriquece el concepto, para los efectos de su doctrina, y agrega al ‘camino’ la condición de ser el origen permanente y sin nombre, de todo, y por cierto el fundamento en que se apoya el orden y la coherencia del mundo. 

Grandeza que transcurre,
que transcurre y se aleja,
que se aleja y retorna.
Por eso,
grande es el camino;
grande, el cielo;
grande, la tierra;
y grande, el hombre.
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Lo que es por sí mismo es lo natural, lo espontáneo, lo que carece de artificio. Es la norma del Tao, que es poderoso, pero silencioso y sin aspavientos. No es duro, riguroso o inflexible. Es como el curso de agua, que se enfrenta sin tensión a cualquier obstáculo que se ponga en su camino. Que parece el agua escabullirse entre las rocas, las más duras, pero con paciencia, sin urgencia innecesaria, termina gastándolas, disolviéndolas en sí misma como arena. El efecto del camino natural, por mucho que sea en su momento inapreciable, e insignificante en su apariencia, es invencible en su efecto. Es lo que enseña el Libro del Camino y la Virtud (Tao Te King).
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Qi-Baishi - Liquidámbar y chicharra (1950) - wikipaintings.org

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En definitiva, una es la norma universal. La que tiene su sede en la oscura hondura de la naturaleza. Insondable. Inaparente. Someterse a esa fuerza, que es origen del mundo y fundamento de todo lo que existe, es la norma del sabio. Por el contrario, peligroso es para el hombre intervenir más que lo estrictamente necesario en los asuntos de su entorno, impidiendo con su acción que la naturaleza solucione espontáneamente el transitorio accidente, sin que nada la obstaculice.

Hay en el universo cuatro grandes,
y el hombre se halla entre ellos.
El hombre tiene por norma la tierra,
la tierra tiene por norma el cielo,
el cielo tiene por norma el camino,
el camino tiene por norma a sí mismo.

El camino natural, la virtud del camino, es sobre toda otra norma, para el hombre, la tierra y el cielo.
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Qi-Baishi - saltamontes en rama de arroz (1942) - wikipaintings.org

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A la luz de este concepto, todo se hace inteligible, de una manera distinta. Según ya lo veremos.


© 2012 Lino Althaner

El libro del camino y la virtud (Tao Te King)

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Mañana comienzan mis vacaciones de verano.
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Qi-Baishi - Peonía (1956) - wikipaiintings.org

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Como lectura principal, me llevo a la montaña el Tao Te King, el Libro del camino y la virtud, escrito hace alrededor de dos mil quinientos años en China, pero que sigue como nunca de actual.

Obra de Lao-Tze, es el libro principal del taoísmo, la doctrina que, luego de disecar la compleja realidad social, cultural y económica de la época, conjuntamente con la enseñanza de los pensadores tradicionales -el mismísimo Confucio entre ellos- y la política de los gobernantes, llega a tremendas conclusiones en cuanto a la falta de armonía de todo ello con el orden natural, con  los ritmos del cielo y de la tierra, con las auténticas necesidades humanas.  Entonces pronunciaron los taoístas una lúcida sentencia contra todas las teorías, las ideologías y los conocimientos artificiales que exigía la cultura oficial, contra las normas ingeniosas y las sofisticadas prohibiciones y disciplinas, que ideadas supuestamente para generar orden, paz y bienestar, no tenían -y no tienen- otra eficiencia que la de desencaminar a los hombres de su verdadero destino y de hacer de la tierra un lugar cada vez más difícil de habitar. Los maestros del taoísmo, principalmente Lao-Tze y Chuang-Tze, descubrieron entonces el Tao, el curso o el camino, el orden natural que en todas partes se manifiesta y es el origen de todo cuanto existe.
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Qi-Baishi – Cerezas (1944) – wikipaintings.org

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Esta dedicación mía al Tao Te King tendrá consecuencias para el  futuro inmediato del blog. A lo menos durante el período de vacaciones, salvo que surja algo muy especial, los artículos del blog estarán dedicados a transcribir y comentar lo más importante de los ochenta y un capítulos del libro, que es todo un tesoro de sentencias iluminadoras, expresadas no sin poesía, no carentes de la luz paradojal de la sabiduría auténtica, dirigidas todas a poner de relieve la distancia que separa a los usos, las costumbres y las regulaciones que complican las apariencias y alejan al hombre de sí mismo, de los imperceptibles requerimientos de la simple y espontánea realidad. También incluiré de vez en cuando un cuento taoísta del estilo de los de Chuang-Tze que ya he puesto en anteriores entregas (24.1 –I dreamed I was a butterfly– y 26.1 –The sacred turtle-).

Es muy posible que las entregas se hagan menos frecuentes. No dispongo en la montaña de contacto con la red global. Para comunicarme por esta vía debo descender al pueblo cercano, donde hay un cibercafé que me da, por unos pesos, la deseada comunicación. Espero no tener que bajar al pueblo más que un par de veces a la semana.
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Qi-Baishi - Paisaje montañés (1926) - wikipaintings.org

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Pues bien, para que empecemos a entrar en materia, he aquí unas cantas sentencias del Libro del camino y la virtud. Para leerlas, releerlas, meditarlas. Al estilo oriental.

El camino es vacío que mana,
pues su uso no alcanza plenitud.
Abismal,
diríase antepasado de todos los seres.
Mella lo agudo,
deslía lo enredado,
templa lo luminoso,
se confunde con el polvo.
Profundo,
diríase perpetuo.
No sé de quién es hijo,
parece anterior al emperador del cielo.
(Capítulo IV)

Tal es el Tao,  sin nombre, inefable, sin medida. Comparado con el ser que conocemos es lo del todo distinto, el vacío, el origen de todo.

El cielo perdura, la tierra permanece.
Lo que hace que el cielo perdure y la tierra permanezca
es su no perpetuarse.
Así, su vida es perpetua.
Por eso, el sabio
se pospone y, por ende, se antepone:
se desprende de sí y, por ende, subsiste.
¿Acaso no es su desinterés
lo que constituye su interés.
(Capítulo VII)
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Qi-Baishi - Aves del paraíso (1940) - wikipaintings.org

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La traducción de los textos chinos corresponde, en lo esencial, a la de AnneHélène-Suárez Girard, contenida en el Tao Te King de Ediciones Siruela (Madrid 2009), con prólogo de Francois Jullien.

© 2012 Lino Althaner



 

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