Vacío y plenitud 5

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El cielo da, la tierra recibe y hace crecer, el hombre lleva a cabo.
Dong Zhongshu

Sólo el hombre perfectamente acorde consigo mismo,
perfectamente sincero, puede llevar a cabo su naturaleza…
Llevar a cabo la naturaleza de los seres y de las cosas es unirse
 como tercero a la acción creadora y transformadora del cielo
y de la tierra.
Zhong Yong  (El libro del Justo Medio)

Hemos visto, en este recorrido del libro Vacío y Plenitud, de Francois Cheng, en la parte dedicada a la obra y a la teoría pictórica de Shitao, cómo la reflexión acerca del arte lo conduce a pensar en el mundo y en el hombre, vistos en la pintura china como una ‘totalidad: totalidad del hombre y totalidad el universo, solidarios, y siendo, en verdad, una sola cosa’. En tal forma, Shitao expresa unas ideas muy presentes en la filosofía china, inspirándose al hacerlo tanto en el taoísmo y en la espiritualidad del budismo chan -que los japoneses llamarían zen- como en elementos valiosos del confucianismo.
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Shitao – Pabellón cerca de una vertiente – http://www.wenshuancn.com

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La reflexión siguiente de Shitao, referida específicamente a la actividad pictórica, podría relacionarse tal vez con cualquiera otra actividad:

‘El cielo confiere al hombre la regla, mas no puede conferirle su cumplimiento; el cielo confiere al hombre la pintura, más no puede conferirle la creación pictórica. Si el hombre descuida la regla para ocuparse solamente de conquistar su realización, si el hombre descuida el principio de la pintura para dedicarse inmediatamente a crear, entonces el cielo ya no está con él; por mucho que caligrafíe y pinte, su obra no cuajará’ (Palabras sobre la pintura, capítulo XVII).

La idea es que la actividad del hombre tiene una meta mucho más alta que la del propio lucimiento, la cual debe alcanzarse por medios dignos de sí mismo y del arte u oficio que emprende. Para llegar a ser un creador, antes debe conocerse a sí mismo y conocer las reglas de su arte; cultivarse para alcanzar el auténtico equilibrio.

El arte, recién entonces empezará a mostrársele como poder humano capaz de formar y dar vida.
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Shitao – Paisaje (www.wenshuan.com)

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‘Pues si los montes, los ríos y lo infinito de las criaturas pueden revelar su alma al hombre es porque el hombre detenta el poder de formación y de vida; si no, ¿cómo sería posible sacar del pincel y de la tinta una realidad que tenga carne y hueso, expansión y unísono, sustancia y función, forma y dinamismo, inclinación y aplomo, recogimiento y salto, palpitación secreta y brote, elevación altiva, surgimiento abrupto, altura aguda, escarpadura fantástica y desplome vertiginoso, que expresa en cada detalle la totalidad de su alma y la plenitud de su espíritu’ (idem, capítulo V). 

Tal es la relación del hombre con la naturaleza, que para ser capaz de mostrarla en toda su verdad debe internarse en la naturaleza de los seres y de las cosas. Sólo así le estará permitido mostrar plenamente cómo la naturaleza se realiza en su pintura. Para internarse en la naturaleza de las cosas, la vía por excelencia, según Shitao, es la práctica de la pintura. Y más que un medio de expresión y de conocimiento, la pintura es una manera de ser, un camino de realización humana. La actividad pictórica y la plena realización del hombre se están retroalimentando permanentemente.

Se trata de un camino que exige receptividad. Una receptividad que no le es dada a cualquiera. Una receptividad que es apertura vocacional, anterior a todo conocimiento.

‘En lo que se refiere a la receptividad y al conocimiento, la receptividad precede y el conocimiento sigue; la receptividad que sea posterior al conocimiento no es verdadera receptividad. Desde la antigüedad hasta nuestros días, las mentes superiores siempre han empleado sus conocimientos para expresar sus percepciones, y se han esforzado por la intelección de sus percepciones para desarrollar sus conocimientos.’.
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Shitao – Paisaje (www.wenshuancn.com).
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No basta con lograr, a través de la debida percepción, una aptitud, un conocimiento parcial del arte.

‘Cuando una aptitud tan sólo puede aplicarse a un problema particular es porque aún sólo se fundamenta en una receptividad restringida y un conocimiento limitado; es importante, pues, que éstos se amplíen y se desarrollen antes de poder comprender el significado de la pincelada única. Porque la pincelada única, en efecto, abarca la universalidad de los seres; la pintura resulta de la recepción de la tinta; la tinta de la recepción del pincel; el pincel de la recepción de la mano; la mano de la recepción del espíritu: al igual que el proceso en que el cielo genera lo que la tierra luego lleva a cabo, todo es fruto de una recepción.’

Para que el hombre sea capaz de recibir plenamente el espíritu que conducirá a su mano en la pincelada, debe estar abierto al mundo en actitud de veneración.

‘Así, lo más importante para el hombre es saber venerar: pues aquel que no sea capaz de venerar los dones de sus percepciones se desperdicia a sí mismo sin provecho alguno, y, asimismo, quien ha recibido el don de la pintura, pero omite recrear, se reduce a la impotencia. ¡Oh, receptividad! Venéresela y consérvesela en la pintura, y hágasela obrar con todas sus fuerzas, sin falla y sin tregua. Como dice el Libro de las mutaciones: “imagen y semejanza de la marcha rigurosa y regular del cosmos, el hombre de bien obra por sí solo y sin descanso”, y así se honrará verdaderamente la receptividad’ (idem, capítulo IV).

Absorbiéndose en su obra, alcanzándose y superándose en ella a sí mismo, el pintor participa en el perfeccionamiento del devenir. Si es que el espíritu se ha asentado con firmeza en la tinta, se puede esperar que la vida surja de la punta del pincel. Tendrá entonces lugar la metamorfosis. En el seno del caos se habrá instalado y brotado la luz. A partir de lo Uno surgirá la multiplicidad, susceptible de ser dominada. A partir de la multiplicidad, se revelará lo Uno. Tal como enseña el taoísmo.

Adquiere así el pintor su máxima dignidad. La adquiere también el hombre, cualquiera que sea su ocupación, siempre que sus actos se ajusten a una disciplina de la autencidad y conduzcan a una meta que encuentre en sí misma su fundamento y su sustancia.
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Shitao – Paisaje (www.wenshuancn.com

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Con la ayuda de Francois Cheng hemos examinado sucintamente algunos aspectos de la teoría de la pintura, contenida en la obra del pintor paisajista Shitao (1642-1707). Los artículos han sido ilustrados con pinturas del mismo Shitao, quien desarrolló su arte a principios de la dinastía Qing (1644-1911).

Francois Cheng, el autor de Vacío y plenitud (Siruela, Madrid 2005) es especialista en poesía y pintura china. Nació en China en 1929 y es miembro de la Academia francesa de 2002. Otra obra suya, importante, es La escritura poética china (Pre-Textos, Valencia 2007), que incluye interesantes reflexiones acerca de la relación de la pintura con la poesía y la caligrafía, como asimismo una estupenda antología de poesía china de la época Tang.
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© 2012 Lino Althaner

Vacío y plenitud 4

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El hombre de corazón se encanta con la montaña;
el hombre de inteligencia goza del agua.
Confucio

La mano del pintor paisajista moja al pincel en la tinta para luego concentrarse en la justa pincelada, la que ha de hacer perceptible en la obra  la forma en que las energías operantes en la transformación incesante del universo se despliegan y alcanzan su equilibrio. Ellas se expresan fundamentalmente, según dijera en la última entrada concerniente a la obra de Shitao, el pintor chino de principios de la dinastía Qing, en la relación del yang de la montaña con el yin del agua, que en la obra pictórica acabada se muestran  en armónica síntesis.

Además, hay que decir que esas fuerzas profundas, la montaña y el agua, tienen correspondencias que se revelan en la sensibilidad humana. Es decir que la esencia del hombre también está constituida por sus porciones de montaña (yang) y de agua (yin). Es así como la pincelada, junto con mostrar la esencia del paisaje en equilibrio, apunta también, de una forma misteriosa y por vías más bien inconscientes, a la esencia anímica del artista pintor.
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La naturaleza no es tan solo un marco externo. La naturaleza ‘tiende al hombre un espejo fraterno que le permite descubrirse y superarse’. Así, el hombre puede conocer en qué medida y de qué forma están presentes en él mismo las virtudes de la montaña y del agua; si alcanzan en él el deseado equilibrio. La pintura se vuelve símbolo del paisaje interno del ser humano, y las figuras se tornan representación de un mundo interior. Asociada a los ideales del espíritu chino se halla una concepción que motiva al ser humano a vivir la naturaleza con gran intensidad para luego interiorizarla, vivirla, y expresarla mediante los signos pictóricos. Entonces, no sólo la obra artística adquiere la perfección a través de la pincelada: también puede alcanzarla el hombre, que ejerciendo el arte de la pintura, aprende a conocerse a sí mismo y a mejorarse de sus defectos.

Intuyo que algo así podría plantearse con respecto a cualquiera otra actividad artística, sea de carácter plástico, literario o musical. Una verdadera mística del signo artístico. En el arte occidental, también encontramos, ciertamente, señales de esa mística. 

Pero vuelvo a lo que decía sobre la pintura china tradicional. Explica Francois Cheng en su libro que el paisaje no debe ser entendido tan solo ni como pintura naturalista, de la cual el hombre se halle ausente o se encuentre diluido; ni como pintura animista, que pretenda dar forma humana a las exterioridades del paisaje; ni menos se contenta con ser simple medio para mostrar vistas hermosas que admirar. Incluso cuando el hombre no aparece figurativamente en la pintura, incluso entonces ‘está eminentemente presente en los rasgos de la naturaleza que, vivida o soñada por el hombre, no es más que la proyección de su propia naturaleza profunda, habitada toda por una visión interior’, en que, por ejemplo, los valles están asociados a formas femeninas, receptáculos y vehículos del don, y las rocas dicen de atormentados gestos humanos.
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Así, pues, ‘pintar un paisaje es retratar al hombre, … un ser ligado a los movimientos fundamentales del universo. Se expresan -en él- la manera de ser del hombre: sus actitudes, su paso, su ritmo, su espíritu … Y los contrastes e interacciones entre los elementos visibles  del cuadro son los estados propios del hombre: sus temores, sus éxtasis, sus impulsos, sus contradicciones, sus deseos vividos o no saciados … ; el pintor chino, a partir de los siglos IX y X, privilegia el paisaje, que, a la par de revelar el misterio de la naturaleza, le parece adecuado para expresar a la vez los sueños y los rasgos profundos del hombre’.

En un párrafo especialmente hermoso desde el punto de vista literario, y elocuente para expresar su visión del arte pictórico, Shitao profundiza en el tema de las correspondencias cualitativas entre el hombre y la naturaleza:

‘En la montaña, las cualidades del cielo se revelan de manera infinita: la dignidad mediante la cual la montaña obtiene su masa; el espíritu mediante el cual la montaña manifiesta su alma; la creatividad mediante la cual la montaña realiza sus espejismos cambiantes; la virtud que forma la disciplina de la montaña; el silencio que guarda la montaña en su interior; la etiqueta que se expresa en las curvas y las pendientes de la montaña; la armonía que realiza la montaña con sus vueltas y sus recodos; la prudente reserva que encierra la montaña en sus caletas; la sabiduría que revela la montaña en su vacío animado; el refinamiento que se manifiesta en la gracia pura de la montaña; el arrojo que expresa la montaña en sus pliegues y desniveles; la audacia que muestra la montaña en sus terribles precipicios; la elevación con la cual la montaña domina altivamente; la inmensidad que revela la montaña en su caos macizo; la pequeñez que descubre la montaña en sus accesos diminutos …
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‘Si la montaña tiene tales cualidades, ¿cómo no las va a tener el agua? El agua no carece de acción ni de cualidades. En lo tocante al agua: por la virtud, forma la inmensidad de los océanos y la extensión de los lagos; por la rectitud, halla la humildad descendente y la conformidad a la etiqueta; por el tao, mueve sus mareas sin tregua; por la audacia, le abre paso a su marcha firme y a su impetuoso impulso; por la regla, sosiega sus remolinos al unísono; por la penetración, realiza su lejana plenitud y su universal alcance; por la bondad, realiza su brotar claro y su fresca pureza; por la constancia, lleva infaliblemente su curso hacia el este: Si el agua, cuyas cualidades se manifiestan así visiblemente en las olas del océano y en la profundidad de las bahías, no regulara su comportamiento por ellas, ¿cómo podría envolver todos los paisajes del mundo y traspasar la tierra con sus venas?

‘Aquel que sólo pueda obrar a partir de la montaña y no del agua se hallaría como sumergido en medio del océano sin conocer la orilla, o sería como la ribera que ignora la existencia del océano. Por ello, el hombre inteligente conoce la ribera al mismo tiempo que se deja llevar por el curso del agua; escucha los manantiales y se complace a orillas del agua.’
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El paisaje, así considerado, es capaz de mostrar los aspectos del ser humano que tienden a la perfección como asimismo los que conducen al error y al defecto. El hombre, como parte integrante de la naturaleza, encuentra en la pintura del paisaje, a juicio de Shitao, indicios de sí mismo.  Especialmente el artista pintor, ha de encontrar en ella el espejo que,  según dijiera más arriba, la naturaleza le tiende con el fin de reflejar en la obra pictórica el retrato misterioso de sí mismo
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© 2012 Lino Althaner

Vacío y plenitud 3

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La pincelada -pincel y tinta- está asociada a la noción que ve en la existencia la incesante presencia del yin y del yang como fuerzas, más que opuestas, equilibrantes. En la pincelada, mientras la tinta expresa la energía más bien pasiva del yin, el pincel representa la fuerza del  yang, impulsada por la mano del artista. Así como el yin sin el yang, el pincel sin la tinta carece de sentido. Y a la inversa. Entonces, el juego del pincel con la tinta sirve al artista para expresar las incontables particularidades del mundo, manifestaciones todas del mismo principio.
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Pero el pincel y la tinta tienen todavía un significado adicional, que se revela en la pintura del paisaje. La pincelada es el aliento que surge del caos para expresar el equilibrio entre la montaña (yang) y el agua (yin), que ya en el Libro de los Cambios (I Ching) aparecen destacadas en su contrastante figuración. Si en el acto de pintar, la armonía del pincel y de la tinta están vinculados a la creación del universo en devenir, es del todo natural que en el paisaje esa armonía se revele como equilibrio entre montaña y agua, que aparecen entonces como elementos importantes del paisajismo, en la teoría de Shitao. Aunque no haya un río o un lago en el paisaje, al agua ha de estar allí. Aunque no haya una montaña, la montaña como yang se hace presente.

La pintura expresa la gran regla de las metamorfosis del mundo, la belleza esencial de los montes y de los ríos en su forma y su impulso, la actividad perpetua del creador, el influjo del aliento yin-yang; por medio del pincel y de la tinta, aprehendo todas las criaturas del universo y canta en mí su júbilo’ (Shitao, Palabras sobre la pintura, capítulo III).
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El océano de la tinta armoniza con la montaña del pincel:

‘Desde siempre, los grandes pintores han percibido exactamente lo siguiente: hay que hacer que el océano de la tinta abarque y lleve, que la montaña del pincel se erija y domine; luego hay que extender ampliamente su uso hasta expresar las ocho orientaciones, los aspectos variados de los nueve distritos de la tierra, la majestad de los cinco montes, la inmensidad de los cuatro mares, desarrollándose hasta incluir lo infinitamente grande, atenuándose hasta recoger lo infinitamente pequeño’ (idem, capítulo XVII).

En el océano (agua) y la tinta coinciden el yin. En la montaña y el pincel, el yang.

El mar posee el desencadenamiento inmenso, la montaña posee el encierro latente. El mar engulle y vomita, la montaña se prosterna y se inclina. El mar puede manifestar un alma, la montaña puede transmitir un ritmo. La montaña, con sus cimas superpuestas, sus acantilados sucesivos, sus valles secretos y sus precipicios profundos, sus picachos elevados que despuntan bruscamente, sus vapores, sus nieblas y su rocío, su humo y sus nubes, hace pensar en el mar que rompe, traga salta; … son las cualidades del mar, de las cuales se adueña la montaña. El mar también puede adueñarse de la montaña: la inmensidad del mar, sus honduras, su risa salvaje, sus espejismos, sus ballenas que saltan y sus dragones que se yerguen, sus mareas en oleadas sucesivas como cimas, cosas con las cuales el mar se adueña de las cualidades de la montaña … Tales son las cualidades de que se adueñan mar y montaña, y el hombre tiene ojos para verlo. Pero quien sólo percibe el mar a costa de la montaña, o la montaña a costa del mar, ¡tiene en verdad una percepción obtusa!

‘¡Mas yo sí percibo! La montaña es el mar, y el mar es la montaña. Montaña y mar conocen la verdad de mi percepción: ¡todo reside en el hombre, por sólo impulso del pincel, de la tinta’ (idem, capítulo XIII).

Percibimos en estas palabras un sentido místico, que es por cierto el sentido de la pintura de Shitao y tal vez, de alguna forma a lo menos, el de buena parte de la pintura china tradicional. Me pregunto si no será acaso ese mismo significado, que tiene asimismo profundas connotaciones cosmológicas y filosóficas, un tanto distintas de las nuestras, occidentales, el que nos suele dificultar la aprehensión plena de su belleza. Una belleza en que contrastes internos como los señalados y devenires recíprocos desembocan en expresiones estéticas de unidad y de totalidad. Una belleza en que los elementos particulares son realzados sólo en la medida en que contribuyen a la armonía del conjunto. En que los opuestos se vuelven en la apariencia de sus contrarios. En que el vacío, ‘que circula no sólo entre los elementos sino en el seno de cada elemento, suscita un flujo invisible que lo arrastra todo en un movimiento vivificante de transformación’. Es el vacío totalizador, que une a los distintos elementos en una sola voz, que suele ser mezcla de angustia y de consolación. Vacío que interroga y que, aunque con cierta ambigüedad, parece dar respuesta.

También me pregunto si mucho de lo que dice Shitao no podría ser también aplicable al arte pictórico occidental.
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¿Qué es lo que, en suma, nos quiere decir? Que frente al paisaje, todo oposición y todo devenir, el hombre contempla, interpreta, y dice con la pincelada la palabra de su corazón, habitado también por el vacío. Y que al hacerlo, el hombre se compromete tan hondamente, que el paisaje se vuelve, ya lo veremos, en retrato de sí mismo.

Y entonces el artista asume la forma del paisaje, de la pintura.
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© 2012 Lino Althaner

Vacío y plenitud 2

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‘La tinta, al impregnar el pincel, lo dota de alma; el pincel, al utilizar la tinta, lo dota de espíritu. El hombre detenta el poder de formación y de vida; si no, ¿cómo sería posible extraer así del pincel y de la tinta una realidad que tenga carne y hueso’ .
(Shitao, Palabras sobre la pintura, capítulo V).

El espíritu creador fluye desde la mano al pincel. Al impregnarse del alma de la tinta, adquiere el pincel la capacidad de diferenciar la materia del caos, de darle forma y animarla. Alentados por la mano creadora, el yang del pincel y el yin de la tinta, en suma la pincelada, se vuelven dadores de vida.

A quien ande a la búsqueda de una reproducción realista del paisaje, esta forma de pintura le resultará tal vez desilusionante. Pues estamos en presencia de un arte que no busca tanto reproducir las formas exteriores, la apariencia, como captar la esencia del ente representado. Para de paso sugerir la forma en que, a través del arte pictórico, el caos del origen se ordena para dar paso a la vibración de las cosas, cada una marcada tanto por su propia individualidad como por su condición de integrante de un todo unitario. El todo y el uno que es el mundo y que es la obra de arte.
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Shitao – Ermita en la montaña

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Así, por ejemplo, en la pintura arriba representada, que podríamos calificar de intensamente expresionista, vibrante de pasión, de ansias de enseñar más que los flujos formales de la superficie para internarse en las corrientes vitales de las rocas. La pincelada es intensa y espontánea. Brota del interior del artista, una vez que se ha posesionado suficientemete de la esencia de las cosas que pinta.  Integrada entre las rocas, que se agitan en un torbellino vibrante, mora el hombre en su ermita. En medio de la naturaleza, el hombre reposa, como en el regazo del caos, que sigue presente en el orden, en la unidad. El hombre que aparece  como conciencia, como ‘ojo iluminado’ de la naturaleza. Que no intenta sentirse distinto de ella, pues en ella vive en paz, sino que espera nostálgico el regreso a la plena unidad, en el todo de que forma parte.

‘Más que la semejanza exterior, la pincelada busca discernir el li, la ‘línea interna´de las cosas. Al mismo tiempo, se carga de las pulsiones irresistibles del hombre. La pincelada trasciende así el conflicto entre dibujo y color, entre representación del volumen y del movimiento, y, por su sencillez misma, encarna a la vez lo uno y lo último, así como la ley de la transformación’. La pintura china es ‘un arte de la pincelada, porque ésta se halla en profunda concordancia con la concepción china del universo. Convencido de que en la naturaleza la corriente del tao recorre las colinas, las rocas, los árboles, los ríos, y de que las ‘venas de dragón’ ondean a través del paisaje, el pintor, a la par que dibuja las formas de la realidad, procura recrear las líneas invisibles y rítmicas que las enlazan y las animan. Al hacerlo, da rienda suelta a los influjos que animan su propio ser’ (Francois Cheng, Vacío y plenitud, p. 221 s.).
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Luego diré algo más acerca del valor atribuido a la pincelada en la pintura china y, especialmente, en la obra pictórica de Shitao, según es definida en su libro Palabras sobre la pintura y en el de Francois Cheng, que estoy resumiendo en parte y comentando.


© 2012 Lino Althaner

Vacío y plenitud

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El lugar supremo entre las artes, lo ocupa en China la pintura. La cultura china tradicional se inclina, en efecto, a creer que el arte pictórico tiene la potencia de revelar el misterio del universo. No sólo es capaz, la pintura, de representar a la naturaleza, expresiva de energías celestes, terrenas y humanas.  Incluso se aventura a repetir los gestos mismos de la creación. Bien puede ser calificada de práctica mística y sagrada.

Es expresión de una cosmología en que todos los seres y todos los fenómenos son producto de lo Uno, que en el juego de las oposiciones y de las transformaciones parece volverse múltiple, pero sólo para luego regresar al equilibrio, a la unidad que todo lo concilia. Cuando la pintura se une en la misma obra, como ocurre con tanta frecuencia, a la poesía y a la caligrafía, tiende a expresar una realidad que se halla asociada a lo más propio del espíritu de la China eterna.
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Tal es la materia del libro de Francois Cheng Vacío y plenitud –El lenguaje de la pintura china- (Siruela, Madrid 2005). Una interesante reflexión acerca de la esencia de la pintura china tradicional, respaldada por el pensamiento de Shitao (c. 1642-1707), quien junto con destacarse como pintor exquisito y muy original, fue asimismo un importante teórico del arte, conocido por su libro Palabras sobre la pintura. La filosofía china, fruto de ingredientes principalmente taoístas, confucianos y budistas, se expresa aquí como una teoría de la pintura en que la unidad del hombre y la unidad del mundo se revelan en el lienzo por medio de la acción espontánea y justa del pincel y de la tinta, para expresar el equilibrio entre el vacío y la plenitud.  

El hombre se encuentra con el universo por medio de la pintura. Para ello es preciso que sea capaz de aprehender la forma en que el aliento universal se expresa en las cosas. Una vez encontrado el aliento se expresa en la pincelada. Por medio del pincel y de la tinta el hombre comprueba la profundidad de su integración  en la naturaleza.  A través de la pincelada, el hombre separa la unidad de lo originalmente indiferenciado. Tal como en el origen del cosmos. Y no tan solo eso: separa el cielo de la tierra y se hace hombre, asimilando la esencia del universo.
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Shitao – Autorretrato

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‘La unión del pincel y de la tinta, que resulta de la pincelada, es análoga a la del yin y del yang. De la misma manera que la interacción del yin-yang genera todos los seres y promete las transformaciones, la pincelada única, por el juego del pincel-tinta, entraña todas las demás pinceladas, que, percibidas como transformaciones de la pincelada inicial, realizan paso a paso las figuras de lo real.’

Resuena en este párrafo la enseñanza del Tao Te King. Por lo tanto, la pintura no es entendida como ‘una simple descripción del espectáculo de la creación: ella misma es creación, microcosmos cuya esencia y funcionamiento son idénticos a los del macrocosmos’. Exteriormente, muestra el modo de la creación. Pero, interiormente, revela nada menos que la fuente misma que da vida al Cielo, a la Tierra y a la humanidad. Pues ya lo adelanté: la pintura expresa la permanente interacción de las fuerzas del yin y del yang que se muestran como opuestas para luego tender a equilibrarse armónicamente y regresar a la unidad. Insinúa el vacío en que se mueve todo lo existente. Que no es el vacío de la nada absoluta. Sino la indescriptible realidad que da sentido a todo lo existente.
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Shitao – Paisaje montañés

 

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En la próxima entrada, seguiré con el análisis de estos bellos de textos, de Francois Cheng, especialista en pintura y poesía china, y Shitao, pintor y teórico del arte de la dinastía Qing.
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© 2012 Lino Althaner

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