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Ya me referí a Dag Hammarskjöld (1905-1961), en un artículo pasado en que me preguntaba acerca del futuro de la humanidad. Ocupó, desde bastante joven, importantes cargos públicos en su país. Pero pasó a ser más generalmente conocido desde que fue elegido en 1953 Secretario General de las Naciones Unidas. Se encontraba en el desempeño de su segundo período en tal oficio cuando falleció, el 18 de septiembre de 1961, en un accidente aéreo, mientras participaba en una misión de paz en el Congo,  recientemente independizado y sumido en el caos. Ese mismo año se le otorgó, póstumamente, el Premio Nobel de la Paz.

Marcas en el camino (Trotta)

Gracias a la generosidad de mi amigo Carlos Hanssen, disfruto ahora de la lectura de este libro, que reúne las notas de la especie de diario que llevaba Hammarskjöld, que fue conocido después de su muerte y en el cual revela su fasceta inesperada, su figura de pensador espiritual que alcanza la difícil meta de hacer compatible su vocación política y estadista con los pies bien plantados sobre la tierra con el impulso a lo trascendente a que lo llama su estatura mística.

¿Cómo lo logra? Entiende Dag Hammarskjöld que la mística y la política no se oponen sino que bien pueden entenderse como complementarias en la vía a la liberación, la personal y la de los demás. En una nota escrita en diciembre de 1955 escribe: ‘La experiencia mística’. Siempre aquí y ahora – en la libertad que se confunde con el alejamiento, en un silencio de la calma. Pero esta libertad es una libertad en acción, esta calma es una calma entre seres humanos. El misterio es constante realidad para quien, en el mundo, está libre de sí mismo; realidad en la tranquila madurez, bajo la espera acogedora de la aceptación”. Y sigue: El camino hacia la santificación, en nuestros días, pasa necesariamente por la acción”. Porque: “Il faut donner tout pour tout” (Es preciso dar el todo por el todo).

Leer este libro, señala Carlos Ossola, autor de la introducción, “es regalarse una ciudadela viva contra la desolación del presente, es llevar a lo alto la revuelta de la conciencia contra la miseria moral que oprime a la polis y a la política”.

A continuación, algunas “marcas en el camino” de Dag Hammarskjöld:

Así fue

Algo me empuja hacia adelante,
a una región desconocida.
La tierra se vuelve más dura,
el aire más cortante, más frío.
Impulsadas por el viento
que llega de mi desconocida meta
vibran las cuerdas
en la espera.

Interrogando siempre,
llegare hasta
donde se apaga la vida:
como una clara y simple nota
en medio del camino.

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Sol de marzo. A la sombra tenue del desnudo abedul, sobre la nieve, se cristaliza la calma helada del aire. Entonces -de repente- la vacilante nota, el reclamo del mirlo, una realidad más allá de la tuya propia, la realidad. De repente: el paraíso del que nos ha excluido nuestro conocimiento.

*

“La fe es la unión de Dios con el alma” (San Juan de la Cruz).
La fe es – y por eso no puede comprenderse, y mucho menos identificarse con las fórmulas en la que transcribimos lo que es.
en una noche oscura (en castellano en el original, San Juan de la Cruz). La noche de la fe, tan oscura que ni siquiera podemos buscar en ella la fe. Durante la noche de Getsemaní, cuando duermen los últimos amigos, cuando todos los demás buscan tu caída y Dios calla, se consuma la unión.

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Aún en la más alta actividad, para quien jamás “se ha aproximado” al prójimo – esta sensación de irrealidad. La vieja leyenda: sólo por medio del amor al prójimo recobra su aspecto humano  quien se ha metamorfoseado en animal o en espíritu.

*

Un sueño que celosamente te exige enteramente: el más grande sueño de la humanidad – el sueño de la humanidad.
El sueño más grande que la humanidad haya concebido y que el más ferviente sueño del individuo es -…- perderse.
Acepto gustosamente la muerte o la vergüenza si es esto lo que ese sueño exige.
¡Qué fácil es perdonar!

*

Llamado
para soportarlo,
separado
para sentirlo,
elegido
para sufrirlo,
libre
de rehusarlo,
he visto,
un momento,
la vela
en la tormenta del sol,
solitaria
sobre la cresta de las olas,
a lo lejos,
alejarse de la tierra.

He visto,
un momento –

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Yo quiero a hombres como a éste para que me gobiernen. Muchos como él podrían hacer que el mundo cambie para bien.

No queremos más políticos de sólo sonrisas y apretones y promesas para antes de las elecciones. De sólo fotos e imágenes que venden, con dientes muy blancos que venden. De mentiras, miserias y pequeñeces. No nos sirven de este lado ni del otro.

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