.
La palabra tao (道) ha tenido distintas acepciones en el curso de la civilización china. Habría que mencionar desde luego las referidas a los conceptos de ‘camino’ o de ‘método’, de ‘orden normativo’ y de ‘doctrina’. En chino clásico denota la idea de ‘discurso’ como ‘camino de la palabra’. Asociada a la expresión Tao del Cielo (天道 , tian dao), significa para el confucianismo el principio o la ley que rige la vida del hombre, su destino, y especialmente la norma moral, cuyo respeto procura el orden de la sociedad.
. .

.

Para Lao-Tse es también un orden, pero más bien el que se revela en la naturaleza, como curso de transformación y de fluctuación de los contrarios hacia una síntesis difícilmente aprehensible por la mente humana. Pero no es sólo eso, ya lo hemos visto. Desde el punto de vista de la metafísica y de la ontología, el Tao es la dimensión conforme a la cual el universo y la vida adquieren sentido, es la primera y la última Realidad. Primordial y eterno, es anterior a todo lo existente, principio de todos los seres. Es el Tao -como el primitivo dios antropomorfo de los chinos arcaicos- el supremo rector de los cambios cósmicos y vitales.

Ya hemos dicho algunas cosas del Tao. Pero a la hora de explicarlo, surgen las dificultades, o mejor dicho las imposibildades, frente a las cuales el mismo Lao Tse expresó su perplejidad. A la hora de conocerlo, es incognoscible. Si se trata de decir lo que es, es inefable, no se puede nombrar. Es sí una ley, un orden o un camino universal, pero su naturaleza es indiscernible. Es inmenso. No se puede describir. Tiene sí una virtud, una eficacia, un Te (德,), que se manifiesta en los seres, pero se ignora la forma o los principios conforme a los cuales se produce dicha operatividad.

Es inalcanzable e incomprensible.El Tao no tiene forma ni figura, más se acerca a la nada que al ser, no tiene contenido alguno, es del todo vacío.

No obstante, el sabio, el iluminado Lao Tse, fue capaz de intuir como la virtud del Tao se manifiesta en la naturaleza, en sus fluctuaciones, en sus sucesiones, y también como se revela en los hombres, en sus cambios vitales, en el surgimiento de los problemas y en su desaparición, en las alegrías y en las penas, en los auges y en las caídas. Como el Tao, del todo invisible, sin embargo todo lo abarca y todo lo traspasa, todo lo determina, inconmovible e imperturbable, sin importarle el poder ni la grandeza ni el orgullo de quien tiene por delante.  A partir de tal observación, pudo deducir cómo ha de ser el comportamiento del hombre para permitir la actuación del Tao, para dar paso a su eficacia, sin perturbaciones, sin impedimentos, sin acciones imprudentes o desmesuradas que hagan imposible su virtud.

Los resultados de su preclara observación las plasmó Lao Tse en este libro, el Tao Te King, en el cual dejó testimonio, a partir de una contemplación iluminada de la naturaleza y de la vida humana, de la forma en que el hombre debe entender los fenómenos que ocurren en su entorno, de cómo es preciso que actúe, de cómo es de importante en determinadas circunstancias la abstención de todo hacer, de cómo es de vano y de pequeño todo lo que hace en punto a ganar fama y poder -cómo lucha y agrede con torpeza, como esfuerza y se maltrata sin razón-, en comparación con esta fuerza maravillosa que se impone sobre todo y que todo lo atraviesa con su virtud. Ello es lo que hace de este libro un manual eterno de sabiduría. Para hacer de la vida un camino ajustado al camino del cosmos, de la naturaleza. La verdad que en él intuyo o adivino es lo que me mueve a insistir en recomendarlo como lectura permanente y dedicada.

A partir de la precedente introducción, empezaré a recorrer el libro capítulo por capítulo, anotando lo que el texto me sugiere y qué asociaciones trae consigo. Advierto que el libro ha sido objeto de múltiples interpretaciones, facilitadas por la ambiguedad del texto original, por su antigüedad y por el carácter del idioma chino. Existen varias traducciones al castellano, también bastante dispares. Todo ello abre las puertas a cierta libertad interpretativa de que haré prudente uso.
.


.

El siguiente es el capítulo I del Tao Te King:

El Tao que puede expresarse
no es el Tao permanente.
El nombre que puede nombrarse
no es el nombre permanente.
El no-ser es principio del Cielo y de la Tierra;
el ser, de los infinitos seres es madre.
Por eso con el permanente no-ser
se contempla la esencia escondida (del Tao);
con el permanente ser
se contemplan meros indicios (del Tao).
Estos dos (no-ser y ser) tienen el mismo origen
aunque diferentes nombres;
tanto al uno como al otro puedes llamarlos misterio.
Misterio de los misterios,

llave de toda mudanza.
.

El comentario viene luego.

La traducción es de Iñaki Preciado Idoeta (Tao Te King – Los libros del Tao, Trotta, Madrid 2010).

La imagen del Monte Huangshan, en China, proviene del sitio www.hceis.com.
.

.
© 2012 Lino Althaner