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Lo que sigue lo escribió Mo Di, filósofo chino del siglo V a.C.:
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Wang Kewei – Rights reserved – image from Cuaderno de Retazos

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‘Si alguien penetra en el huerto de frutas o verduras de otra persona y le roba melocotones y ciruelas, la gente lo condena cuando se da cuenta y la autoridad lo castiga cuando lo detiene. ¿Por qué? Porque ha hecho daño a otra persona para su propio provecho […]

‘Si alguien se deja llevar hasta el punto de matar a un inocente, apropiarse de sus vestidos y de sus pieles, y apoderarse de su lanza y de su espada, entonces su iniquidad es todavía mayor […] y el castigo tiene que ser, en consonancia, más duro […]

‘Pero cuando las cosas se hacen a lo grande y se ataca a un estado, entonces ya no se profiere una condena, sino que, por el contrario, las personas se desviven en alabanzas y el acto se denomina justicia. ¿Puede hablarse aún de lo justo y lo injusto? […] 
 
‘Si alguien que ve algo negro lo llama blanco, entonces supondremos que no conoce en absoluto la diferencia entre negro y blanco […] Y si alguien reconoce una pequeña injusticia y la condena, pero no reconoce la injusticia grande como hacer la guerra a un Estado, ¿podemos seguir sosteniendo que de algún modo conoce la diferencia entre lo justo y lo injusto?’

‘Vemos, pues, que los llamados nobles del imperio han perdido la capacidad de discernir entre lo justo y lo injusto’.
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‘Numerosos ejércitos pierden la mayor parte de sus hombres y muchísimos son aniquilados por completo. También es grande el número de espíritus a cuyos devotos se mata. ¿Qué se propone el gobierno que priva así al pueblo de lo más necesario y le desprovee de todos los beneficios? Y el gobierno responde: “Aspiramos a la gloria de la victoria y queremos obtener beneficios. Por eso obramos así”.

Pero el maestro Mo Di replica: “Lo que se conquista, de ello no se hace uso; y lo que se obtiene, no vale tanto como lo que se pierde”.

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Pura casualidad. Que esta entrada casi coincida con un ‘día de gloria’ para Chile.  Aprovechémoslo, aunque sea en vano, para meditar. Para hacer un poco de luz. Aunque la tierra de los hombres siga viéndose sombría. Sombría y sangrienta.

Al término de la misa dominical, el curita nos despidió, diciéndonos: ‘¡Que tengan una feliz fiesta!’
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© 2012 Lino Althaner