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Muchas centurias me separan de Chuang-Tse, quizás un poco ilusorias. En todo caso, no deja de ser portentoso verlo de nuevo presente en este espacio,  complementando con su antigua sabiduría mi reciente comentario del capítulo II del Tao Te King, libro escrito, según se afirma, por quien fuera, según parece, su Viejo Maestro (Lao=viejo + Tse=maestro).
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He aquí lo que tiene que decirnos del principio de interacción y unión de los contrarios, a que se refiere ese capítulo:

‘Muerte y vida, ganancia y pérdida, miseria y éxito, pobreza y riqueza, así como sabiduría e ignorancia, infamia y gloria, hambre y sed, frío y calor, todo ello no es sino mudanza de las cosas y discurrir del destino. Síguense como el día y la noche, sin que el humano conocimiento alcance a discernir su principio. No tienen por qué alborotar la paz interior, ni deben introducirse en la mansión del espíritu. Es menester que éste permanezca en armónico bienestar, y que nunca pierda el contento; hacer que día y noche, de continuo, sea como una primavera para todos los  seres. Y así la mente podrá adaptarse y entrar en armonía con el mundo exterior’.

Del sabio cuya mente se adapta y entra en armonía con el mundo exterior, nos dice el maestro Chuang:

‘El nivel de las aguas tranquilas es el estado de máxima quietud,  y puede servir de modelo. En su interior guarda una extremada quietud y por eso en su exterior no se agita. Virtud es cultivar la armonía perfecta’. A quien cultiva esta clase de virtud, ‘los seres acudirán a él y no podrán abandonarle’.

Y agrega todavía más:

‘El sabio no tiene defecto, ¿para qué la virtud? No busca el beneficio, ¿para qué mercadear?’ Su sustento está en el Cielo. ‘Sustento del Cielo es recibir alimiento del Cielo; y si el sabio recibe alimento del Cielo, ¿qué necesidad habrá de los hombres? Tiene cuerpo de hombre, mas no sentimientos de hombre. Tiene cuerpo de hombre, y por eso vive entre los hombres; no tiene sentimientos de hombre, y por eso … no le turba ni altera la discusión ni le motiva el conflicto. ‘¡Cuán pequeño, y por eso pertenece al humano género! ¡Qué grandísimo, que se ha hecho uno con el Cielo!’

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Los párrafos de Chuang Tse son del capítulo V, apartado VI, de su libro, según traducción de Iñaki Preciado Idoeta (Kairós, Barcelona 2001).
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© 2012 Lino Althaner