.
Alguien se ha quejado de que algunos de los comentarios contenidos en las entradas de este blog, por ejemplo, aquellas sobre la teología de San Juan Evangelista, sobre las filosofías de Plotino o de Lao Tse, les parecen muy complejos. Difíciles de entender.

Recuerdo, a propósito, una de las tantas sabias frases atribuidas a Albert Einstein. Pues se puede ser hombre de ciencia y hombre de sabiduría al mismo tiempo.
.

.
Las palabras de Einstein dicen así:

Si no eres capaz de explicar algo simplemente, es que no lo has entendido bien.

Es verdad. Aunque también es cierto que hay gente que pareciera avergonzarse de la extrema simplicidad de los pensamientos, teorías o doctrinas que les toca explicar en virtud de su condición magisterial o literaria.  Por ello es que se esfuerzan en hacer parecer compleja la simplicidad transparente de aquello sobre lo que enseñan o escriben.

Hay también filósofos que hacen un esfuerzo para hacerse ininteligible. ¿No era Heidegger el decía que partes de su otra aún no terminaba de entenderlas?

Hacer parecer complicado lo muy simple. Sin ser irreverente, quisiera ejemplificar con el dogma cristiano de la Trinidad divina.  Han surgido herejías con motivo de él. Los Padres de la Iglesia debieron esforzarse por combatirlas. Los teólogos siguen quebrándose la cabeza a propósito de este postulado.

Una anécdota concerniente a Aurelio Agustín de Hipona, más tarde San Agustín, da cuenta de lo dicho. Paseaba éste por la playa, dándole vueltas en su cabeza a las distintas teorías acerca de la realidad trinitaria de Dios, cuando de pronto vio a un niño jugando con la arena. El niño corría una y otra vez hacia el mar, llenando un cubo con agua para luego regresar a vaciarlo en un hoyo cavado por él en la arena. ‘¿Qué haces? le preguntó Agustín. Y el niño le respondió: ‘Quiero sacar toda el agua del mar para meterla en este hoyo’. ‘¡Pero eso es imposible! exclamó Agustín’.  A lo cual repuso el niño: “Más imposible es tratar de hacer lo que tú estas haciendo: Tratar de comprender con tu pequeña mente el misterio de la Trinidad de Dios”.

Tal vez el niño de la anécdota no está en la razón. Se me ocurre de pronto que el misterio de Dios es la simplicidad misma. Con respecto a la Trinidad, a veces a mí me parece tan clara como que yo también, Lino Althaner, en mi minúscula y enorme humanidad, soy ciertamente padre (y abuelo, por si fuera poco), hijo y  también espíritu santo, el que tiene su morada en mi esencia. Por cierto que con potencias abrumadoramente diversas.

Einstein sí que tiene la razón.

Hagamos que lo complejo parezca simple. En lo posible, que lo difícil parezca fácil.

En cuanto a mis lectores quejumbrosos, les digo

Mea culpa

Trataré de entender mejor en el futuro, para poder explicar mejor. Y con más sencillez.
.
*
.

La imagen corresponde a un detalle de la pintura ‘Comentando la Divina Comedia de Dante’, de los artistas Zhang An, Li Tiezi y Dai Dudu. En el detalle, aparece Albert Einstein (1879-1955) en compañia de León Tolstoi (1828-1910) y Li Bai (701-762).
.


.

© 2012 Lino Althaner