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Morning

To find the western path,
Right through the gates of Wrath,
I urge my way.
Sweet Mercy leads me on
With soft repentant moan.
I see the break of day.

The war of swords and spears,
Melted by dewy tears,
Exhales on high.
The sun is freed from fears,
And with soft grateful tears
Ascends the sky.

Suscitan en mi mente ecos gnósticos, estos versos de William Blake, el gran artista pintor y poeta inglés.

No es fácil el camino de la redención. Para alcanzar la meta es preciso, dice la filosofía perenne, surcar rutas nunca antes exploradas –the western path, ‘la ruta de occidente’- y superar peligrosos desfiladeros –the gates of Wrath, ‘las puertas de la Ira’-, en los cuales acecha el peligro oscuro. Pero aparece la Misericordia, la Piedad. Iluminado por ella, el peregrino acopia las fuerzas necesarias para ver el nuevo día. Su llanto y el del rocío funde las espadas y las lanzas. Así, puede captar el brillo del sol sin las opacidades que lo atenuaban. Es capaz de apreciarlo libre de los temores y limitaciones que lo opacaban. De admirar cómo reemprende su camino a través del cielo.
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William Blake – El sol en la puerta de oriente (imagen de wikipaintings.org)

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El sol se ha despojado de sus velos; resplandece con nuevo fulgor e ilumina con luz increada.

En busca de la ruta occidental
a través de las puertas de la Ira,
he acelerado el paso.
Mi suave gemido de arrepentimiento
lo conduce con dulzura la Piedad.
Veo el despertar de un nuevo día.

La lucha de espadas y de lanzas
fundidas con el llanto del rocío
fluye a las alturas.
El sol se libra de sus miedos,
y con lágrimas de agradecimiento
asciende por el cielo.

Así ha de ser la senda del hombre, si opta por ser redimido de su imperfecta condición. También debe recorrer sendas peligrosas y enfrentar azarosas encrucijadas en la oscuridad. Si vence es que ha sido capaz de despojarse de todo egoísmo y de resistir a toda malévola inclinación o maquinación; es que se ha liberado de toda esclavizadora concupiscencia, de la arrogancia y del ansia de poseer y dominar, que lo hacen mentir, envidiar y ambicionar. Sólo así es capaz de trascender las apariencias y enfrentarse a lo Absoluto, de recuperar en comunión con el Todo su condición beatífica primordial. De hacerse igual a Dios.

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© 2012 Lino Althaner