Entre el tiempo y la eternidad (Meister Eckhart)

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Unas gotitas adicionales del néctar eckhartiano:

Dios es la medida de todas las cosas, y un hombre, en cuanto alberga en su fuero interno una mayor parte de Dios, tanto más sabio, noble y mejor es que el otro. Tener más de Dios no es otra cosa que asemejarse más a Dios; cuanto más semejanza con Dios hay en nuestro interior, tanto más espirituales somos.
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Edward Burne-Jones - Musical angel - wikipaintings.org

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Como Dios es espíritu, por eso es más noble la cosa más insignificante que es espíritu, que lo más elevado que es corpóreo. En consecuencia, el alma es más noble que todas las cosas corpóreas por nobles que sean. El alma fue creada como en un punto entre el tiempo y la eternidad, tocando a ambos. Con las potencias más elevadas toca la eternidad, pero con las potencias inferiores al tiempo. Pero obra en el tiempo, no según el tiempo sino según la eternidad. Esto lo tiene de común con los ángeles.

(Maestro Eckhart, SermónXLVII)

Sabrosísimo néctar.
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© 2012 Lino Althaner

Los mercaderes en el templo (2)

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Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían
y compraban en
el Templo; volcó las mesas de los cambistas
y los puestos de los vendedores
de palomas’. Y les dijo:
“Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración
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¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!’

Mateo 21, 12-13.

Este artículo es continuación del publicado con fecha 13 de este mes: https://todoelorodelmundo.wordpress.com/2012/04/13/los-mercaderes-en-el-templo-segun-el-maestro-eckhart/ ..
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Alphonse Mucha - En el santo monte Athos (1926) - wikipaintings.com

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Veíamos en esa opotunidad que los mercaderes del texto evangélico son, en la enseñanza del Maestro Eckhart, imagen de los hombres que, si bien sirven y honran a Dios, no lo hacen de manera gratuita sino que a la espera de un premio, de una recompensa. Así como Dios da sus bienes gratuitamente, nos dice, en la absoluta libertad y falta de condicionamiento, del mismo modo espera de quienes lo aman que obren en consecuencia, sin esperar nada a cambio de sus buenas acciones. Pues con Dios no se intercambia ni bienes ni dones ni servicios, con Él no se regatea, como con un cambista o con un prestamista.

Pero esta exigencia de gratuidad debe ir acompañada, recordémoslo, del total desapego, para que Dios se sienta en el alma humana en pleno señorío de su templo. Acción buena y gratuita, pues, en el completo desasimiento. Nada menos que esa es la exigencia para el hombre que desea acercarse místicamente a lo uno y absoluto de la divinidad.

Aquí se plantea el Maestro la siguiente pregunta: ¿qué sucede con los hombres que si bien hacen sus obras exclusivamente por amor de Dios y no buscan obtener por ellas nada para sí, tienen con todo el defecto de hacerlas ‘con apego al propio yo, al tiempo y al número, al antes y el después’. Tales no están del todo desapegados de sí mismos y del mundo ni son completamente libres, por lo cual están impedidos de acceder sin trabas al don divino de la luz del Señor. Dependen, de alguna manera, de la opinión de los demás o gustan de mostrar sus buenas obras para propio contento. A ellos, nos dice el místico alemán, no puede ponérseles al mismo nivel de los mercaderes propiamente tales, cambistas o usureros, a quienes Jesús expulsa del templo. Aquellos, los que no aún logran el total desasimiento, son equivalentes a los vendedores de palomas, a quienes Jesús sólo les pide: -Quitad estas cosas de aquí. Una vez que las quitéis, las palomas del egoísmo y del apego al mundo, yo os mostraré el sumo bien del Padre, como a criaturas del todo buenas, desinteresadas y desprovistas de todo afecto material’.

Así, pues:

Cuando este templo -del alma- se libera de todos los obstáculos, es decir, del apego al yo y de la ignorancia -que lo inclina a pedir en cambio- entonces resplandece con tanta hermosura y brilla tan pura y claramente por sobre todo y a través de todo lo creado por Dios, que nadie puede igualársele con idéntico brillo a excepción del solo Dios increado. Y es plena verdad: nadie se iguala a este templo, fuera del solo Dios increado.  Aun los ángeles más elevados se asemejan hasta cierto grado, pero no del todo, a este templo del alma noble… Sin embargo, se les ha puesto un límite; no pueden ir más allá. Pero el alma bien puede ir más allá.

Y en ese ir más allá, sólo Dios es igual al alma humana. Es así porque allí nada menos que Dios tiene su morada. Allí, en el alma del hombre, Dios es. Por lo cual, el hombre actúa en consonancia con esta realidad suya, ‘su alma llega a la luz sin mezcla’, a la nada de lo increado, que le llega de Dios por medio de Jesús, que es el Verbo en que el Padre se nombra a sí mismo.

Entonces, Jesús dice al alma su palabra. ¿Para qué? Para revelar al espíritu del hombre el poder inconmensurable del Padre y permitirle, como consecuencia, volverse ‘poderoso en todas las virtudes y en toda perfecta pureza, de manera tal que ni lo agradable ni lo penoso ni todo cuanto Dios ha creado en el tiempo, pueda perturbarlo’, cual si se mantuviera ‘dentro de una fuerza divina, en comparación con la cual todas las cosas son pequeñas e impotentes’. Para dotar,  además, al alma humana, de una inmensa sabiduría: de la Sabiduría.

Cuando esa Sabiduría se une con el alma se le quita completamente cualquier duda y equivocación y niebla, y se la ubica dentro de una luz pura y clara que es Dios mismo … Ahí, el alma se conoce a sí misma con esa Sabiduría por intermedio de Él mismo y a través de esa Sabiduría conoce el poderío del Padre en su fecunda facultad procreativa, su esencia primigenia en su simple unidad sin diferenciación alguna.

Tengamos presente que el Maestro Eckhart, en estos sermones, se expresa en un lenguaje que quizás podría ser considerado el de Juan de la Cruz o de Teresa de Ávila, los místicos cristianos por excelencia. Su prédica no va dirigida a los fieles comunes y corrientes, típicos asistentes a la misa dominical. Nuestro fraile dominico transmite su enseñanza espiritual a unas monjitas amantes de Dios cuyo interés es con frecuencia el de adelantar, por la vía del ascetismo, de la meditación y de la oración concentrada, en el camino que conduce a la iluminación y a la unión con la divinidad. Además, es legítimo pensar que el Maestro habla desde su propia experiencia mística, conocedora de las dificultades que presenta el avanzar por la rigurosa vía que lleva a tal elevada meta.

Con todo, hay también una orientación para nosotros, inmersos en un mundo lleno de contradicción y de amenaza para la salud espiritual del hombre. Leamos la palabra del Maestro Eckhart con gran detenimiento, meditemos en ella, tratemos de aplicarla en alguna medida. Así también adelantaremos en el logro de nuestro proyecto espiritual, tal vez más modesto.

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© 2012 Lino Althaner

El tesoro escondido

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.El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido
en un campo, que hallado por un hombre,
vende
todo lo que tiene y compra el campo aquel
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Mateo 13, 44

Como se sabe, junto con ser escultor, pintor y arquitecto, Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) era también poeta. Uno de los motivos poéticos por el que es conocido es el del escultor que despoja al duro mármol de todo lo superfluo hasta encontrar en el interior de la piedra la bella figura  que crece a medida que la piedra bruta desaparece. Miguel Ángel hace un símil de esa imagen con la del alma que se va fortaleciendo a medida que se libra de los vínculos carnales.
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Miguel Ángel Buonarroti - Madonna de la Catedral de Brujas - imagen wikipedia.org

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Dos siglos antes de Miguel Ángel, el Maestro Eckhart había usado de ese mismo símbolo para referirse a la única forma en que el hombre puede llegar a conocerse a sí mismo para ser iluminado por la presencia divina.

 ‘Cuando un maestro hace una imagen de madera o de piedra, no hace que la imagen entre en la madera, sino que va sacando las astillas que tenían escondida y encubierta a la imagen; no le da nada a la madera, sino que le quita y expurga la cobertura y le saca el moho y entonces resplandece lo que yacía escondido por debajo’.

La enseñanza de Eckhart está frecuentemente vinculada a la necesidad humana de ‘quitar, mondar, cribar y expurgar. No se agrega sino que se saca para perder de vista lo inútil, lo que estorba o impide que en el hombre salga a luz su imagen primigenia’, la suya propia y la de Dios. Se expurga para eliminar lo que es sólo apariencia, lo superficial, lo engañoso e ilusorio, lo egoísta y apegado a las cosas mundanas. Se quita para permitir que se desvele, siquiera en parte, la verdad.

Quitando lo accesorio, eliminando lo burdo y transitorio, se alcanza a lo eterno, lo inmortal en el hombre y en Dios. Tal es el tesoro escondido en el campo, a que se refiere el epígrafe. Tal es la perla por la cual el que anda en su busca enajena todos sus bienes (Mt. 13, 45). Tal es Dios escondido en el fondo del alma humana.

Un pasito más para ir entendiendo al Maestro Eckhart, el sublime predicador.
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© 2012 Lino Althaner

Los mercaderes en el templo (según el Maestro Eckhart)

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Seguimos esta serie de artículos sobre el Maestro Eckhart con el análisis de una homilía en la cual se reflejan con mucha fidelidad algunos de los rasgos del pensamiento de este fraile genial de la Orden de los Predicadores, esto es, de los dominicos.

La ortodoxia de su teología, influenciada significativamente por el neoplatonismo, ha solido ser puesta en entredicho por la ortodoxia institucional. De hecho, algunas de sus afirmaciones fueron descalificadas por el papado de su tiempo. Pero el actual pontífice, Benedicto XVI, parece ser un ferviente admirador de su compatriota medieval.
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imagen de wikipedia

Entrada de Meister Eckhart en la iglesia dominica de Erfurt, con la inscripción ‘Das Licht leuchtet in der Finsternis, und die Finsternis hat es nicht erfasst‘ (La luz brilla en la oscuridad pero la oscuridad no la ha comprendido).

 La homilía que comentaré enseguida versa sobre el texto de Mateo 21, 12:

‘Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas’. Para mejor comprensión agrego el versículo 13: ‘Y les dijo: “Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!’

Según el Maestro Eckhart, lo que quiere decir Jesús en este texto es: ‘Tengo derecho a este templo y quiero estar solo en él y tener poder sobre él. El templo, por lo tanto, sólo debe estar disponible para mí’.  Pero el templo de cal y de cemento no es el importante. El templo en el que de verdad quiere sentirse Dios como dueño único es el alma del hombre. Pues la ha creado a su semejanza.

Ha hecho el alma del hombre tan semejante a sí mismo que ni en el cielo ni en la tierra, por entre todas las criaturas espléndidas, creadas tan maravillosamente por Dios, no hay ninguna que se le asemeje tanto como el alma humana sola. Por ello, Dios quiere tener vacío este templo de modo que no haya nada adentro fuera de Él mismo. Es así porque este templo se le asemeja de veras  y Él  está muy a gusto en él siempre y cuando se encuentre ahí a solas.

Así, pues, agrega: ¿Quiénes siguen siendo hoy los mercaderes, los que compran y venden en el templo, que deben ser arrojados de él? No sólo los que usan del templo como un mercado para intercambiar su mercadería material.

Mirad, mercaderes son todos aquellos que se cuidan de no cometer pecados graves y les gustaría ser buenos y, para la gloria de Dios, ellos hacen sus obras buenas, como ser ayunar, estar de vigilia, rezar y lo que hay por el estilo, cualquier clase de obras buenas, mas lo hacen para que Nuestro Señor les dé algo en recompensa o para que Dios les haga algo que les gusta: todos ésos son mercaderes.

Y con Dios no se regatea. Nuestras obras no las considera como mercancía para dársela a cambio de algún bien. Las bondades que hace Dios las hace en la absoluta gratuitad.

Esos que quieren regatear así con Nuestro Señor, son individuos muy tontos: conocen poco o nada de la verdad. Por eso, Nuestro Señor los echó a golpes fuera del templo y los expulsó. La luz y las tinieblas no pueden hallarse juntas. Dios es la Verdad y una luz en sí misma. Por ello, cuando Dios entra en este templo, expulsa la ignorancia, o sea, las tinieblas, y se revela Él mismo mediante la luz y la verdad.  Cuando se llega a conocer la Verdad, los mercaderes han desaparecido, y la verdad no apetece hacer negocio alguno.

Con Dios no se regatea. Dios no da a cambio de obra humana alguna. Lo que hace lo hace Dios sólo por amor. Lo mismo debe, pues, hacer el hombre, el que está unido con Dios: mantenerse también libre y desasido en todas sus obras, que las hace únicamente por amor y por gloria de Dios, sin buscar a cambio una recompensa’.

Con el Maestro Eckhart aprendemos a conocer al Dios de los cristianos, bien distinto al que se nos presenta como Jehová, el dios del Antiguo Testamento. Dios, el Padre de Jesús, no es un dios amante de los sacrificios ni de las ofrendas, no es el dios celoso ni severo, no es el dios castigador, no es el dios de los ejércitos. El Dios de los cristianos, el Padre de Jesús, es el Dios que no conoce la ira ni el castigo ni la recompensa dada a cambio de algo, que sólo sabe de Amor. Que desprecia, por lo tanto, los tratos mercantiles, en los cuales hay más lugar para la ganancia que para el amor. Por ello expulsa a los mercaderes del templo y nos pide que también los expulsemos: de los templos materiales y del templo del alma, que no son lugares adecuados para las transacciones comerciales.

‘No debes apetecer absolutamente nada en recompensa. Si operas así, tus obras serán espirituales y divinas y entonces los mercaderes, sin excepción, han sido expulsados del templo, y sólo Dios mora en él; ya que semejante hombre piensa únicamente en Dios. Mirad, de tal manera este templo ha sido desocupado por todos los mercaderes’.

Aquí el Maestro Eckhart hace intervenir uno de los conceptos más propios de su pensamiento teológico y místico: el del desasimiento o desapego:

‘Sólo el hombre que no piensa en sí mismo ni en ninguna otra cosa sino sólo en Dios y en su honra, este hombre es libre y desasido del mercantilismo en todas sus obras y no busca lo suyo, así como Dios es libre y desasido en todas sus obras y no busca los suyo’.
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Beato de Gerona

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Pero Eckhart no se contenta así con sacar consecuencias del texto evangélico. Sigue adelante en sus explicaciones, cada vez más profundas, cada vez más sutiles, en el intento de extraer toda la médula de las buenas noticias evangélicas y de transmitirnos su idea de lo que debe ser el comportamiento del auténtico cristiano.

Exigente visión la del Maestro. Eckhart. Exigente para entenderla cabalmente. Más exigente aún para el quiera cumplirla en su persona, en su alma.

Continuaré con el comentario de Mt. 21, 12 en una próxima entrega.

Los textos del Maestro Eckhart provienen de la obra Maestro Eckhart – Tratados y Sermones (traducción, introducción y notas de Ilse M. de Brugger, Edhasa, Barcelona 1983).
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© 2012 Lino Althaner

El Dios inefable del Maestro Eckhart

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Lo que ojo nunca vio, ni oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado …
1Cor 2,9

Hemos estado investigando el taoísmo, que nos dice del Tao inefable, el origen y la razón de todo lo que existe y que a todo le da sentido. Del Tao que no tiene nombre.  Invisible, incognoscible. Sin forma, inaudible, imperceptible. Imposible de explicar o definir.  Más cercano a la nada -tan otro- que al ser que percibimos. Inmenso. Del todo trascendente. Sin embargo, presente de manera inexplicable en todas las cosas y aconteceres. El todo y el uno. El es que no es. ‘La Nada que existe como si no existiera’, según dice el Huai Nan zi, otro libro clásico de la filosofía china. Tal es el primer fundamento del taoísmo.

La puerta hacia el Todo. La vía hacia la Nada..
.Huang Youwei - detalle de pintura - imagen de cuadernoderetazos.wordpress.com.
El Tao, la suprema realidad metafísica de la filosofía china, es conceptualmente accesible a los hombres más bien por la vía de la negación que por la de la afirmación. Tan difícil de ella decir lo que es que parece más apropiado afirmar lo que no es. Que no tiene nombre. Que no tiene forma. Que no es susceptible de aprehensión sensorial. Que no es mensurable. Que no tiene principio ni final.

Si pasamos del terreno filosófico al teológico, vemos que ocurre algo parecido con Dios. Al menos de acuerdo con la llamada teología negativa, según la cual es preferible afirmar de Él lo que no es que atreverse a decir lo que es o cómo es. Tan lejos está del alcance de nuestros sentidos. Es tan otro a todo cuanto conocemos. Tan difícil de ser siquiera imaginado.  Esto lo saben los místicos. Que Dios está más allá de nuestro entendimiento, de nuestra capacidad de decir o de pensar. Dionisio Areopagita, teólogo bizantino que escribiera, alrededor del siglo VI, una breve y significativa obra denominada Teología Mística, expresa esta idea bellamente:

‘Ahora que escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre -para descubrir a Dios- cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al coronar la cima reina un completo silencio’.

Para luego afirmar en una de sus cartas:

‘Si alguno, viendo a Dios, comprende lo que ve, no es Dios a quien ha visto, sino algo cognoscible de su entorno. Porque Él sobrepasa todo ser y conocer’.

De Dionisio Areopagita heredó su idea de Dios ese gran hombre de espiritu y genial pensador que fue el Maestro Eckhart, el gran místico alemán (c.1260-c.1328). Oportuno resulta referirme a él en momentos en que me preparo a iniciar una serie de entregas sobre su obra y sus ideas.

He aquí una serie de afirmaciones acerca de Dios, típicas del pensamiento del Maestro:

‘Dios es algo que se halla necesariamente por encima del ser, algo que en sí mismo no necesita de nadie y de que necesitan todas las cosas’.

‘Lo que tiene ser, tiempo o lugar, no toca a Dios;
Él está por encima de ello’.

‘Él se halla tan por encima del ser,
como el ángel supremo está por encima del mosquito.
Si dijera que Dios es un ser, cometería un error tan grande,
como si llamara al sol pálido o negro.
Dios no es ni esto ni aquello.
Quien, conociendo alguna cosa, crea haber llegado a conocer a Dios,
no lo conoce’.

‘Dios obra en el no-ser’.

‘Dios no es ni ser ni bondad.
La bondad está apegada al ser y no va más allá del ser;
pues si no hubiera ser, no habría bondad,
y el ser es todavía más acendrado que la bondad.
Dios no es bueno ni mejor ni óptimo.
Quien dijera que Dios es bueno,
lo agraviaría tanto como si se llamara negro al sol’.

‘Cualquier palabra que sepamos pronunciar sobre él,
es más bien una negación acerca de lo que Dios no es,
en vez de ser un enunciado acerca de lo que es.
Así lo reconoció un gran maestro -Albertus Magnus-
y opinaba que cualquier cosa que él fuera capaz de decir con palabras sobre Dios,
en absoluto estaría dicha con propiedad,
ya que siempre contendría algún error.
Por eso se callaba y no quiso decir nunca palabra alguna,
por más que otros maestros se burlaran de él.
Por lo tanto, vale mucho más callar sobre Dios que hablar’.

‘El hombre no debe tener un Dios pensado ni contentarse con Él,
pues cuando se desvanece el pensamiento, también se desvanece ese Dios.
Uno debe tener más bien un Dios esencial
que se halla muy por encima de los pensamientos de los hombres y de todas las criaturas.

Este Dios no se desvanece,
a no ser que el hombre voluntariamente se aparte de Él’.

A mí me parece cierto que el Maestro Eckhart postula un Dios que está más allá de todo intento del hombre por acceder a él. Pero si bien es del todo trascendente, no está ausente de la vida. No está ausente del hombre. De forma también indefinible, vive en el hombre. Pero no para que éste intente someterlo, como suele hacer, a sus concepciones, a sus dogmas, a sus imaginaciones, a sus sueños. Ni menos para que los hombres disputen y se enfrenten con violencia entre sí para hacer prevalecer la idea que tienen de Dios en las cosas temporales y contingentes. Ello es hacer a Dios el mayor agravio. Derramar una gota de sangre por la idea que tengamos de Dios es lo más insensato y atroz de todo el catálogo de cosas atroces e insensatas que el hombre es capaz de hacer.

Estamos en un plano elevado. No es fácil, en principio, entender al gran maestro dominico. Cada una de las afirmaciones del Maestro Eckhart, debe ser entendida en su contexto. Una vez entendido, se comprende lo sublime de su pensamiento. Se comprende también lo apartado que está del concepto vulgar, demasiado fácil, que solemos compartir acerca de la divinidad. Por algo que algunos de sus escritos fueron condenados por el poder religioso de su tiempo. 

Si se quiere hablar de diálogo entre religiones, hay que tener presente al Maestro Eckhart.
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© 2012 Lino Althaner 

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