Una mano maestra

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Toda herida curada

ni un rasguño.
Pensamientos y afanes de otros días.
reviven en perfecta levedad.

Retornan miradas perdidas
ninguna indeseada.
Nada falta en el paisaje.
Nada excede.

Una pátina de oro de verdad
cubre errores y aciertos.
Ha pulsado la cuerda
una mano maestra.


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Todos los contrarios se hacen uno.

 En un círculo se hermanan 
la cumbre y el abismo, 
y bailan los dioses con los diablos.


© 2014
Lino Althaner

Lux et tenebrae (Catedrales versus cruzadas)

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Cuando las cuerdas que lo retenían estuvieron devoradas por el fuego,
llevó las manos ante sí y las elevó para rezar y bendecir a la multitud. “Es un
crimen quemar a tan buen cristiano”, bramaba la gente.
(Ejecución de Raimond de la Coste, Registre Fournier, siglo XIV)


Pero no dejemos que la luz de las catedrales nos enceguezca. O que las voces del coro con sus sones angelicales nos ensordezca. El contacto con la belleza, la más sublime, no produce un cambio en la humanidad. Esta sigue siendo un conjunto de individuos habitados por el ángel y la bestia. El ángel y la bestia que conviven también en las instituciones. Sobre todo en ellas.  

Asistimos a un desconcertante espectáculo. Al mismo ser humano que un día planifica obras de sublime belleza o se conmueve en la contemplación espiritual, lo encontramos al siguiente regocijándose en el sufrimiento ajeno, en el incendio, en la tortura, en el derramamiento de sangre. Y así ocurre también con las instituciones, y señaladamente con los gobernantes y hasta con los representantes de Dios en la tierra.

 

Catedral de Beauvais (siglo XIII)

Catedral de Beauvais (siglo XIII)


He seguido avanzando en la lectura del libro de Georges Duby “La época de las catedrales”, con una lentitud autoimpuesta, matizada ciertamente por lecturas paralelas relacionadas, tan importantes para verificar contradiciones o confirmaciones. En el paso del siglo XII al XIII me encuentro con San Francisco de Asís y su predicación de pobreza y de renuncia, de amor a los hombres y de amor a la creación. Contemplo como continua la febril empresa de arquitectura sagrada, que en Francia evoluciona hacia el estilo gótico radiante que se impone en Francia y que tiene en la Sainte Chapelle una de sus más brillantes manifestaciones.  Pero también hallo al poder espiritual confabulado con el poder temporal para desplegarse en feroces carnicerías en contra de los infieles y de los herejes. La época de las catedrales es también la de las cruzadas.

Parece haber tiempos históricos en que el contraste entre la luz y las tinieblas se hace más marcado. Esta sería una de ellas. Al monumento ligero y luminoso de las catedrales se opone la siniestra empresa guerrera que se organiza desde la cátedra de Pedro, pensada para colaborar con Jesús de Nazaret, el Mesías cristiano, en la redención de la humanidad. Unos pontífices ofuscados por la soberbia, enceguecidos por el poder, inconscientes tal vez de la grandísima traición que están perpetrando, son el supuesto instrumento de la ira de Dios.

No solamente los musulmanes supieron de los extremos a que puede llegar la crueldad en manos de hombres belicosos y de instituciones desviadas de su misión espiritual. Del inconcebible despliegue de violencia supieron los mismos cristianos, que lo eran los cátaros, los también llamados albigenses. Contra ellos precisamente, por constituir un obstáculo para imponer el poder temporal del rey de Francia en la región meridional de Languedoc y por atreverse a pensar en contra del dogma religioso, la furia se desplegó multiplicada, con pretensiones de aniquilamiento total.

 

Conques, en el Languedoc, escenario de la cruzada contra los cátaros - Iglesia de la abadía de Saint Foy (Languedoc), escenarios de la cruzada contra los cátaros.

Conques, en el Languedoc, el país de los cátaros – Iglesia de la abadía de Saint Foy


Una de las características de la doctrina cátara, típica de las tendencias religiosas gnósticas, es el dualismo, que afirma la radical oposición entre el bien y el mal, entre el espíritu y la materia. Esta idea es llevada al extremo de afirmar que el mundo material no es creación de Dios, el Padre de Jesucristo, sino del demiurgo, tenido como una especie de ángel caído, confinado a la tierra.

¿Se le ocurriría a alguno de los promotores y ejecutores de la siniestra cruzada, pensar que con su acción la más impía, la más cruel, la más contraria al pensamiento de Jesús de Nazaret, estaban de algún modo dando razón a la doctrina de quienes eran objeto de tan implacable persecución? ¿No confirmaban acaso con su acción que la luz y las tinieblas no sólo se oponen en el cosmos y en la tierra, sino que también en el bipolar comportamiento de los hombres?

¿Eran los cátaros unos seres perversos, apóstoles acaso de Satanás?

 

Carcasonne, otro escenario de la cruzada

Carcasonne


Acerca de los miembros de un movimiento germano similar al de los cátaros albigenses, análogamente también disciplinado, informaba el abad Evervin de Steinfeld en 1143 a Bernardo de Claraval, de la Orden del Cister:

Entraron a las llamas y soportaron su suplicio no sólo con paciencia, sino incluso con regocijo. ¿Cómo explicar que estos hijos del Diablo encuentren en su herejía coraje similar a la fuerza que la fe en Cristo inspira a los verdaderos religiosos?… Defendían su herejía con las palabras de Cristo y los apóstoles.

Dicen de sí mismos: Nosotros, pobres de Cristo, errantes, huyendo de ciudad en ciudad (Mt 10:23), como las ovejas en medio de lobos (Mt 10:16), sufrimos la persecución con los apóstoles y los mártires; sin embargo, llevamos una vida muy santa y muy estricta en ayunos y abstinencias, dedicando noche y día a rezar y a trabajar, sin pretender obtener de este trabajo más de lo necesario para vivir.

Soportamos todo esto porque no somos del mundo; pero vos, que amáis el mundo, estáis en paz con el mundo porque sois del mundo (Jn 15:19). Para distinguirnos los unos de los otros, Cristo ha dicho: Por sus frutos los conoceréis (Mt 7, 16). Nuestros frutos son las huellas de Cristo.

Un capítulo oscuro de la historia humana y de la historia eclesiástica, que no es posible silenciar, Tampoco escribiré mucho más sobre el particular, porque la verdad es que me produce una desazón muy profunda, que amenaza con convertirse en depresión.

Una ilustración más de la grandeza y de la miseria de la condición humana. 



Debe haber sonado así la música sagrada de los cátaros de Occitania.

© 2014
Lino Althaner

El deber más urgente

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Ester Gurevich – Ilustración para Pirkei Avot – פרקי אבות‎ – Máximas de los Maestros

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El deber más urgente de cada ser humano no se limita a imitar lo que otro, aunque fuere el más grande, ha realizado, sino que consiste en actualizar sus propias potencialidades, únicas, sin precedentes e irrepetibles. 


Martin Buber

 

© 2014
Lino Althaner

Engalanada como una novia

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Luego vi un cielo nuevo y una nueva tierra… Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él… será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado
(Apocalipsis 21).

 

Jerusalén Celestial - Beato de Liébana, Apocalipsis de Silos, c.1100

Jerusalén Celestial – Beato de Liébana, Apocalipsis de Silos, c.1100


En el interior de una catedral gótica se nos hace comprensible el complejo juego de fuerzas que sostiene en su sitio a la elevada bóveda. Allí no existen muros compactos ni macizos pilares en parte alguna. El conjunto interior parece entretejido de flechas y vigas sutiles: su red cubre la bóveda y se desliza a lo largo de las paredes de la nave para ser recogida por los pilares que forman como haces de varillas de piedra. Hasta los ventanales están distribuidos en medio de esas líneas entrelazadas, conocidas con el nombre de tracería.

Las grandes catedrales, iglesias episcopales (cathedra: sede del obispo) de finales del siglo XII y principios del XIII, fueron concebidas en tan atrevida y magnificente escala que pocas, si es que hubo alguna, se concluyeron exactamente como habían sido planeadas. Mas con todo, y tras las muchas alteraciones que tuvieron que sufrir con el curso del tiempo, sigue proporcionando una experiencia inolvidable penetrar en estos vastos interiores cuyas dimensiones parecen empequeñecer todo lo simplemente humano y minúsculo. Apenas podemos imaginar la impresión que esos edificios debieron causar en quienes sólo habían conocido las pesadas e inflexibles estructuras del estilo románico. Esas iglesias más antiguas, en su solidez y en su fuerza, pudieron expresar algo de la Iglesia militante que ofrecía protección contra los ataques del mal. La nuevas catedrales proporcionaban a los creyentes un reflejo del otro mundo.

 

Santa María de Cracovia

Santa María de Cracovia


Habrían oído hablar en himnos y sermones de la Jerusalén celestial, con sus puertas de perlas, sus joyas inapreciables, sus calles de oro puro y vidrio transparente (Apocalipsis 21). Ahora esa visión descendió del cielo a la tierra. Las paredes de esos edificios no eran frías y cerradas. Se hallaban formadas de vidrios coloreados que brillaban como una piedra preciosa. Los pilares, nervios y tracerías se realzaban con oro. El fiel que se entregase a la contemplación de toda esta hermosura sentiría que casi había llegado a comprender los misterios de un reino más allá del alcance de la materia. 

 Hasta cuando se miran de lejos, estas construcciones maravillosas parecen proclamar las glorias del cielo. La fachada de Notre-Dame de París es, tal vez, la más perfecta de todas ellas. Tan diáfana y sin esfuerzo aparente es la distribución de pórticos y ventanales, tan flexible y gracioso el trazado de las galerías, que nos olvidamos del peso de este monte de piedra, pareciendo elevarse el conjunto de la estructura ante nuestros ojos como un espejismo.

 

Catedral de Amiens

Catedral de Amiens


Existe un sentimiento análogo de luminosidad e ingravidez en las esculturas que como huéspedes celestiales flanquean los pórticos… -y casi cada una de esas figuras- está claramente señalada con un emblema para que su sentido y su mensaje fueran comprendidos y meditados por el creyente. En conjunto, forman como una completa corporización de las enseñanzas de la Iglesia -aunque esta vez- el escultor gótico ha emprendido su tarea con un nuevo espíritu. Para él, esas estatuas no son sólo símbolos sagrados, solemnes evocaciones de una verdad moral, sino que cada una de ellas debió ser una figura válida por sí misma, distinta de su compañera en su actitud y tipo de belleza, para lo cual revistió a cada una de dignidad individual
 (E. H. Gombrich, La historia del Arte).

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El estilo gótico. Sus huellas arquitectónicas en el mundo europeo son múltiples y variadas. Desde el gótico primero, pasando por el  gótico florido, el gótico flamígero, y en Inglaterra, por el gótico decorado y el gótico perpendicular. Sus influencias. Pensar, por ejemplo, en la imponente cúpula de la florentina Santa María in Fiore, construida en la primera mitad del siglo XV por Brunelleschi, que no es posible sin el precedente de las técnicas de abovedamiento góticas.  

 

Santa Maria del Fiore - Cúpula de Brunelleschi

Santa Maria del Fiore – Cúpula de Brunelleschi


Nos trasladamos al siglo XX y allí apreciamos, por ejemplo, la influencia gótica en la obra genial de Gaudí. También en la utopía mística y arquitectónica de las casas y ciudades de cristal imaginadas por Bruno Taut y Paul Scheerbart. Este de las relaciones del gótico con otros estilos y de las influencias ejercidas por él a lo largo del tiempo, es un tema en el que sin duda habrá que profundizar.

Los misterios que circundan al estilo gótico. Fulcanelli, por ejemplo, un escritor esotérico del siglo veinte, se empeña en darle al templo gótico el carácter de un código cifrado, en que no faltan las referencias a la alquimia, a la cábala, a saberes mitológicos y paganos, corriendo paralelas a su significado cristiano.  Carezco de fuentes confiables sobre la materia.

Es que, además, una época tan lejana y distinta a la nuestra, y tan desfigurada tanto por sus defensores como por sus detractores, es apta para generar preguntas como también  para dar lugar generoso a la imaginación en la fundamentación de una respuesta, sobre todo en materias en que no se dispone de fuentes documentales suficientes.

 

© 2014
Lino Althaner

El cristal en la piedra

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Preguntas a las que hubo que responder técnicamente a la hora de contruir una iglesia gótica.

Primera: Cómo dar a estos impresionantes edificios una techumbre apropiada.

Hoy día se pensaría en el hierro para soportar estructuras similares. Pero entonces no se disponía del hierro apropiado para tal efecto. Y la madera era descartada: no era considerado el complemento digno de tan magníficas estructuras pétreas; además, facilitaba los incendios. El arte romano de abovedar requería de conocimientos y de cálculos que, en gran medida, se habían perdido. Por tal motivo, como explica E. H. Gombrich en su Historia del Arte,

“los siglos XI y XII se convirtieron en un periodo de innovaciones incesantes. No era asunto de poca monta cubrir todo el vano de la nave principal con una bóveda. La solución más sencilla se diría que consistía en salvar la distancia a la manera de un puente sobre un río. Se construían enormes pilares a ambos lados para sostener las vigas (pétreas) de esos puentes. Pero pronto se vio claro que una bóveda de esa suerte tenía que quedar firmemente unida si no se quería que se hundiese, ya que el peso de las piedras era extremadamente grande. Para soportar esos pesos enormes, las paredes y los pilares tenían que ser construidos más fuertes y macizos todavía.”

 

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Bóveda de crucero

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La arquitectura normanda supuso un importante avance en procura de una solución. Y la catedral de Durham, finalizada en 1128, es un modelo que lo ilustra. Los arquitectos normandos descubrieron la forma de alivianar el techo, hermoseando al mismo tiempo la apariencia, “pues bastaba con tener un cierto número de sólidas vigas que cubriesen la distancia para rellenar luego los intersticios con materiales ligeros. Se advirtió que el mejor método para proceder así era extender las vigas o nervios cruzados entre los pilares, rellenando después los intersticios triangulares resultantes.” Para ello era por cierto, indispensable, contar con unos muy sólidos pilares capaces de sostener tan pesada estructura. Esta idea revolucionaría los procedimientos de contrucción de grandes edificios, catedrales o castillos.

 

Detalle de la bóveda de la  catedral de Durham

Detalle de la bóveda de la catedral de Durham

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Esta concepción arquitectónica es uno de los principales elementos que allana el paso del estilo románico al gótico, que nace en el norte de Francia. El gran descubrimiento de los constructores góticos fue, según Gombrich,

“que el método de abovedar las iglesias por medio de vigas cruzadas podía ser desarrollado mucho más consecuentemente y con más amplios propósitos que los imaginados por los arquitectos normandos. Si era cierto que los pilares bastaban para sostener las vigas de la bóveda, entre las cuales las piedras restantes eran simple relleno, entonces los muros macizos existentes entre pilar y pilar eran en verdad superfluos. Era posible levantar una especie de andamiaje pétreo que mantuviera unido el conjunto del edificio. Lo único que se necesitaba eran delgados (aunque poderosísimos) pilares y estrechos (pero sólidos) nervios… No se necesitaban pesados muros de piedra; en desmedro de ellos podían colocarse amplios ventanales”.


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Así, “el ideal de los arquitectos se convirtió en edificar iglesias casi a la manera en que se construyen los invernaderos. Solamente que carecían de estructura de hierro y de vigas de acero, y por lo tanto, tenían que hacerlas de piedra, lo que requería”, por cierto, de una técnica refinadísima y de unos cuidadosos cálculos. Vueltos la técnica y el cálculo instrumentos de la idea arquitectónica global, del gusto refinado, de la maestria artesanal casi sobrehumana, se avanzaba hacia la posibilidad de construir una iglesia nunca antes siquiera imaginada, monumental joya de piedra y de cristal.

 

Arcos góticos y bóvedas de crucero

Arcos ojivales y bóvedas de crucero

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Segunda: ¿Cómo facilitar el paso masivo de la luz a través de los muros inmensos?

Otro invento sin duda importante fue el arco u ojival, cuyo diseño delgado y terminado en punta, permitió construir muros más elevados que los que permitía el arco redondeado, propio de la arquitectura románica. Además, tenía este tipo de arco la flexibilidad necesaria para hacerlos más o menos puntiagudos, de acuerdo a las exigencias del proyecto. Permitiendo que dos segmentos del arco se juntaran en un punto y cubriéndolos de vitrales multicolores, a la vez que la importancia de la luz se intensificaba, se hacía más acentuada la ligereza de los muros, cuya función no descansaba primordialmente, según ya se ha dicho, en soportar el peso de la bóveda, Ejemplos señeros de este tipo de arcos son los de la Sainte Chapelle de París (1248). ¡Cómo ejercen en ella su influencia los magníficos vitrales ojivales? 

 

Vitral de la Catedral de Estrasburgo

Vitral de la Catedral de Estrasburgo

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Tercera: ¿Cómo agregar al soporte de los pilares interiores una firmeza proveniente del exterior?

Esta es la tercera y gran novedad necesaria para hacer posible la alada maravilla de la catedral gótica. Pues las pesadas piedras de la bóveda no presionan solamente de arriba hacia abajo sino que también hacia los lados. Para soportar esta presión lateral no bastaban los pilares. Preciso era agregar sólidos contrafuertes adosados a la parte exterior del templo. Como los contrafuertes entonces utilizados no eran siempre compatibles con la estructura de la iglesia gótica, se idearon para tal efecto los arbotantes como estructuras exteriores en forma de medio arco que recogen la presión en el arranque de la bóveda y la transmiten a un contrafuerte adosado al muro de una nave lateral. Contribuyeron también a otorgar a los edificios góticos su estructura tan especial, como se hace patente, por ejemplo, en la catedral de Nuestra Señora de París.

 

Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

Estos son los elementos principales. Hay todavía muchos otros, ingenieriles y arquitectónicos, artísticos y ornamentales. Pero sobre todo ello, hay una idea que guía al conjunto en su vía a concretarse materialmente. Hay un fin que está por encima de los elementos aisladamente considerados. Al servicio de ese fin debe subordinarse cada uno de los elementos de la impresionante estructura.

Ese fin es doble, ya lo he dicho anteriormente: cantar la gloria de Dios que desciende a los hombres en formas luminosas y servir a estos de escala para acercarse al reino de los cielos. 

Material existe para seguir reflexionando sobre estas maravillas de la esfera terrestre.

© 2014
Lino Althaner

La música en la cima

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Unían las palabras del lenguaje con la alabanza eterna de los ángeles.

Georges Duby, La época de las catedrales

A medida que el estilo gótico se consolida, la arquitectura se vuelve más liviana y como alada y dirigida hacia las alturas. Es parte del expresivo simbolismo del templo en su conjunto, con su brillante ornamentación, suss pinturas y esculturas, las paredes hechas primordialmente para sostener esos vitrales que operan el milagro de filtrar la luz terrena para volverla en luz de otro mundo.  Llegado el momento, los cirios y el incienso. Todo ello apunta a un fin primordial: la liturgia, la ceremonia sagrada en que se opera la increíble maravilla.  Sin embargo, qué valdría todo ello si no fuera por la palabra, cuya significación simbólica, cuyo poder evocativo permite escrutar intuitivamente los misterios del mundo, sobre todo cuando está asociada con la música. Las palabras que conducen a Dios y que gracias a la música alcanzan un grado de solemnidad incomparable.

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Portal de la Catedral de Amiens


La ceremonia litúrgica exigía excelencia musical.  Para ello, estaba la importante autoridad del maestro cantor -el chantre- que dirigía el coro y lo ordenaba bajo una disciplina rigurosa.

En la Alta Edad Media la música estaba casi exclusivamente consagrada al culto y debía estar depurada de todo elemento profano o sensual. De allí la austeridad extrema del canto llano. No obstante, sobre bases tan restrigidas pudo construirse poco a poco un repertorio de canto litúrgico que constituye una de las más hermosas manifestaciones del arte medieval.


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Con todo, ya a fines de la época carolingia se habían manifestado los primeros ejemplos de la polimelodía, el arte de hacer oír simultáneamente dos voces diferentes, que continuó desplegándose merced a la creciente flexibilidad en los procedimientos de armonización. Se anuncia el paso de la monodia gregoriana, con su legado de obras maestras, a la polifonía que va marcar el futuro de la música occidental. Las notas de la melodía empiezan a ser adornadas con guirnaldas de notas más breves y se abre de tal manera un gran abanico de posibilidades al genio creador.

Así como contempla el nacimiento del estilo gótico, el siglo XII asiste a la consolidación de este proceso de enriquecimiento de la creación musical.  En el Lemosín y en Île de France, región esta en que se halla Saint-Denis, en las inmediaciones parisinas, las nuevas formas adquieren su madurez. En las abadías y catedrales donde se crean y se expresan con mayor brillo y desde donde empiezan a difundirse al resto de Francia y luego a todo el mundo europeo. 

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Bernard Gagnepain, el musicólogo francés, califica a estas composiciones musicales como “auténticos monumentos de la polifonía… cuya belleza pura y cuyo lirismo sólo admiten comparación con las catedrales góticas, de las que son… estrictamente contemporáneas” y señala que “en ellas se expresa todo el misticismo e idealismo de un siglo en que la fe se sostiene muy viva”. Es la música “dedicada a realzar la brillantez de las ceremonias en los días de grandes solemnidades”.

La nueva técnica -el organum– confiere a la música “un carácter inmaterial, intemporal, y la atención se traslada desde la base sólida de la voz principal “hasta los arbotantes de las voces organales que se entrecruzan sobre ella y cuya ligereza tiene un cierto carácter de improvisación”. Pero es solamente un efecto. A estas alturas, sobre todo a partir de la aparición de una, dos o tres o más voces, la música está fijada por escrito, lo que deja escaso sitio a la improvisación. Según Gagnepain, es esta, la del organum, la primera gran realización musical del arte occidental, otro de los grandes legados del Medioevo al desarrollo posterior de la cultura.

Pérotin, llamado el grande, fue uno de los maestros músicos de la época:

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  a cuatro voces

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Tan grande era la importancia de la música en aquellos tiempos que en las escuelas la enseñanza del quadrivium, el segundo ciclo de las artes liberales, se resumía casi por completo en la música.  En cambio, la aritmética, la geometría, la astronomía, se tenían por ciencias subalternas y eran sus siervas. La música era, por otra parte, la coronación de la enseñanza gramatical, en la que se concentraba el trivium, al parecer en desmedro de la lógica y de la retórica.

La lectura. que seguía las modulaciones del canto, por ejemplo en la salmodia, exigía que cada uno de los celebrantes supiera de memoria el texto sagrado. La palabra y la música abrían la puerta a la reflexión y la meditación sobre el sentido de los vocablos latinos y los tonos de la música. La música y la liturgia se volvían asi en medios de conocimiento.

Giovanni Batista Salvi - Santa Cecilia, patrona de la música

Giovanni Batista Salvi – Santa Cecilia, patrona de la música


La palabra en la cima. Santa Cecilia en la gloria. 

Se hace realidad el ideal de San Benito, para quien el coro de los monjes prefigura el coro celeste, el de los ángeles. Echa abajo las barreras que separan el cielo de la tierra. Se introduce de antemano en lo inefable y en las luces increadas. Así, pues, puede afirmar, que durante la lectura cantada de la salmodia “estamos en presencia de la divinidad y y de los ángeles”. Porque la música, conduce directamente hacia Dios, pues “permite percibir los acordes armónicos de la creación y porque le ofrece al corazón humano la posibilidad de deslizarse en la perfección de las intenciones divinas.” Palabras estas de Georges Duby.

Me ha auxiliado para esta nota su libro La época de las catedrales (Cátedra, 1997), como también el articulo “Francia, del siglo IX al siglo XV” de Bernard Gagnepain, contenido en el tomo I de La Música (Los hombres, los instrumentos, las obras) editada por Larousse, 1971.


© 2014
Lino Althaner

La casa de la luz

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Nada más que un complemento del artículo anterior:

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Todo don excelente y perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces.

Santiago, 1,17


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Toda manifestación luminosa que recibimos y procede de la bondad del Padre, nos atrae a su vez hacia lo alto como un poder unificante y nos hace volver hasta la unidad y simplicidad del Padre que nos congrega. Pues, en efecto, como dice la Sagrada Escritura: ‘Porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas’ (Rom 11,36)

Pseudo Dionisio Areopagita, Jerarquía Celeste


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Quienquiera que seas, si pretendes rendir honor -a estas obras de arte- no admires el oro ni el gasto, sino el trabajo y el arte. La obra noble brilla, pero brilla con nobleza; que sirva para iluminar a los espíritus y los conduzca por medio de las luces verdaderas a la verdadera luz, de la cual Cristo es la verdadera puerta.

Abate Suger, de Saint-Denis


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Cuando, penetrado por el encantamiento que produce la belleza en la casa de Dios, -el atractivo de las obras- me condujo a reflexionar, pasando de lo material a lo inmaterial, sobre la diversidad de las virtudes sagradas, me pareció entonces verme a mí mismo residiendo en alguna extraña región del universo, que no existe anteriormente ni en el cieno de la tierra ni en la pureza del cielo, y que por la gracia de Dios puedo pasar de la tierra a las alturas de manera anagógica.

Abate Suger, de Saint-Denis


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© 2014
Lino Althaner

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